Las muertas

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16LLEGA LA POLICÍA
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 —¿Sospecha usted de alguien que pueda ser el autor de este ataque? —preguntó el agente delMinisterio Público del Salto de la Tuxpana a Simón Corona, que estaba vendado y recostado en unacama del puesto de socorros.Simón contestó sin titubear que de Serafina. Al pedirle el agente las señas de la presunta culpable,Simón dio la dirección de la casa del Molino, porque no sabíaque existiera el Casino del Danzón. A partir de ese momento, la averiguación sigue rutas burocráticas, se convierte en papeles que sequedan días enteros en el cajón de un escritorio, que se multiplican, que regresan al punto de partida, que salen reexpedidos, que llegan a otra oficina, que se quedan otros días en el cajón de otroescritorio. En este caso no sabe uno de qué admirarse más, si de latortuosidad o de la infalibilidadde la justicia. El trámite burocrático culmina cuando llega a las manos del inspector Teódulo Cueto,de la policía de Concepción de Ruiz, en forma de un papel que dice: "Sírvase poner a disposición dela Procuraduría del Estado de Mezcala a la señora Serafina Baladro Juárez, etc."Lo primero que hizo el inspector al recibir esta orden fue entrevistarse con el capitánBedoya enla cantina del hotel Gómez. El inspector Cueto niega haber tenido esta entrevista. El capitánBedoya, en cambio, describe lo que se dijo en ella de la manera siguiente:Me dijo que me avisaba que le había llegado orden de aprehender a Serafina, por lo que era prudente que ella pusiera sobreaviso a su abogado. Yo le dije que no entendía por qué había ordende aprehensión contra Serafina nimenos por qué ella había de necesitar abogado. El inspector medijo entonces que había ocurrido una balacera en el Salto de la Tuxpana y que el nombre de ellaaparecía en las actas. Al oír esto yo contesté: —Le juro a usted, inspector, como oficial del Ejército Mexicano y por el honor de mi santamadre, que Serafina no conoce a nadie en el Salto de la Tuxpana, ni ha estado en ese pueblo, ni sabedóndeestá y es posible que ni se imagine que exista.El inspector me dijo que me agradecía mi sinceridad, que estaba seguro de que sobre la cabeza deSerafina no pesaba ningún delito. Sin embargo, iba a tener que aprehenderla. Yo entonces le di lasgracias por haberme dado el pitazo. Él agregó que, de acuerdo con las instrucciones que tenía, suobligación era romper al día siguiente los sellos del Casinodel Danzón y revisar el interior dellocal. Me dijo que tenía la seguridad de encontrar todo en orden. Yo le dije que no tuviera pendiente. Que todo estaba en orden. Dicho lo cual, nos despedimos.Se despidieron y el capitán Bedoya se fue lo más pronto que pudo al Casino. La noticia, como esnatural, causó consternación. Dice la Calavera que Arcángela recriminó a Serafina: —Por egoísta, por buscarnomás tu venganza —parece que le dijo— nos hundiste.Serafina contestó: —¿Qué culpa tengo de haber nacido apasionada?Hubo movilización y órdenes perentorias. Ticho hizo mezcla en el comedor y empezó a tapar el boquete. Fue llamado el Escalera. Se dieron órdenes a las mujeres de preparar las cobijas y lostrastos para ir a pasar la noche en el rancho Los Ángeles. Serafina trató de comunicarse conellicenciado Rendón, quien en este punto desaparece de la historia. Las Baladro intentaroncomunicarse con él en más de treinta ocasiones durante los siguientes quince días, sin conseguirlo.Hubo titubeos. Serafina propuso a su hermana, ante testigos: —Vámonos a los Estados Unidos.Pero se fueron al rancho. En la tarde, el Escalera hizo cuatro viajes en el coche. Las once mujeresque quedaban volvieron aestar reunidas. Pusieron petates en la troje y durmieron en ella, bajo lavigilancia de la Calavera, en armonía aparente. Hizo frío. En la mañana se descubrió que Rosa teníacalentura. La Calavera diagnosticó resfriado y para curarlo preparó té de orégano. Rosa lo bebió, pareció aliviarse y murió tres horas después. Ticho la enterró al pie del bordito, en una fosa quecavó precipitadamente, contigua a...
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