Logica

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MATIAS , EL TERROR DEL SALON
Esto me ocurrió el primero o segundo día de clases. Yo venía de otra escuela y, como se dice, era nuevo aquí. Durante la primera hora tuvimos matemáticas con el maestro Elpidio, aquel ruquito desaliñado y caspiento al que una vez le poncharon las llantas de su viejo vocho, dizque nada más por exigente con sus alumnos , aunque todo mundo sabe que le hicieron lo quele hicieron por gandalla. Yo entonces apenas lo conocía , pero desde la primera clase me di cuenta de su mal carácter y hasta fui víctima de uno de sus atropellos. Un día, sin más razones que el de haberme quedado sentado cuando él entró al salón, me arrebató una gorra de beisbolista y a pesar de mis constantes ruegos jamás me la quiso devolver. Cuando se lo dije, mi papá se enojó mucho y hasta unrecado le mandó, pero el maestro recibió el papelito, movió la cabeza como diciendo “mira, mira, mira….” Y ni siquiera se dignó a leerlo. De todas maneras, papá nunca fue a reclamarle y yo mejor me hice el loco, no fuera a ser que me agarrara tirria por andarle insistiendo demasiado.
Pero les estaba yo contando lo que me sucedió el primero o segundo días de clases. resulta que llegué allaboratorio de informática y dócilmente fui sentarme hasta la última fila a esperar a que llegara la maestra. Pronto el grupo se llenó de horribles jetas y olores pestilentes y todo mundo dialogaba exasperado que qué onda, que si al rato se veían en el recreo para jugar futbol, que si fulano traía cigarros o que si Deborah (?) lloriqueaba inconsolable porque alguien le había extraído de su mochila elcuaderno de Español con fotos de los Jonas , “¿Tú crees? ¡Qué poca¡, vociferaba una gorda descomunal y enfebrecida que nada más con manotear cimbraba el piso y a la que, gracias a Dios, después sus padres sacaron de la escuela antes de que provocara un terremoto ahí, o más seguro, porque se divorciaron y no sé que relajito se armó con ella.
Total, que estaba yo sentadito como angelito, repasandocon la mente en blanco las blancas hojas de mi cuaderno nuevo, cuando que pasan diez minutos y la maestra ni sus luces, y otros diez y tampoco y así hasta que faltaban como un cuarto de hora para alcanzar el ansiado y merecido descanso. Parece mentira pero sin orientador ni nada y salvo el parloteo general del grupo nadie se portaba mal, cada quien platicaba en compañía de sus cuates o formandoparejitas y todos felices como lombrices esperábamos el vigoroso riiiiing de la chicharra, acostumbrándonos ya desde entonces a lo que posteriormente serían las muchas faltas de la de informática, con la que por cierto aprendimos más en sus prolongadas ausencias que cuando se dignaba a aterrizar en el salón, pues no estando ella nos ponían a repasar apuntes (?) o a resolver el libro de trabajo que,eso sí, mensualmente nos revisaba .
A punto estaba de sonar la chicharra de la escuela , digo, cuando de pronto, zaz, como caída de un avión o surgida de un mundo raro, se apareció una hermosa niña en el vano de la puerta, y, ¡oh my god¡ , con voz dulce y meliflua preguntó por alguien cuyo nombre no alcancé a retener. Los dedos de sus manecitas jugueteaban ágiles e impacientes con un lápiz,mientras ella aguardaba inmóvil, ensimismada y sonriente. Su dorada y ondulante caballera descansaba tranquila sobre la quietud de sus hombros. Del fondo del salón se levantó una chava y le hizo señas para que entrara. La niñita avanzó un poco, pero de pronto se contuvo porque una patota como de elefante le impedía el paso. Ella sonrió nerviosa y asombrada y de la manera más amigable le suplicó aldueño de la pezuña que bajara “el pie” para poder pasar, pero el nene , haciéndose el graciosos, le respondió que no que hasta que le dijera su nombre. El tipo estaba recostado en el asiento y, por detrás, apenas se le alcanzaban a ver las greñas. La beibi le respondió con una vocecita dulce y delicada: “Me llamo Joanna”. “¿Joanna?”—interrogó él sacudiendo su cabeza de iguana acapulqueña—“ ¡Ah,...
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