Maiko

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  • Publicado : 2 de septiembre de 2010
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  El Circo Estrellado, era un circo con todas las de la ley, o sea hecho y derecho o si prefieren, como Dios manda dirían las abuelas. Iba de pueblo en pueblo llevando diversión y asombro a la gente. Como todo circo, tenía equilibristas, magos, animales que hacían proezas impensadas, mujeres barbudas, un maestro de ceremonias y por supuesto payasos. Peluquín y Bonete, eran payasos que  hacíanreír mucho a los niños y a los grandes también. Peluquín disfrutaba mucho su trabajo, sin embargo no pasaba lo mismo con su amigo, que nunca estaba conforme con nada.
    Bonete no entendía por qué debía tener esa ropa floja, colorinche, con botones grandes, mientras todos los demás vestían mucho mejor que ellos. Los equilibristas y malabaristas tenían brillos y sus ropas estaban confeccionadas contelas finas y bellas. El maestro de ceremonias lucía un saco negro de larga cola y moñito colorado que le quedaba pintado. Sin embargo, él debía andar con zapatones más que grandes y con agujeros que permitían que sus dedos gordos saludaran a la gente.
   El mago, como el maestro tenían galera, él en cambio un sobrero del cual colgaba una flor que parecía marchita y encima se le metía en el ojo acada rato.
   A Bonete le molestaba mucho lo que él consideraba –equivocadamente- injustas diferencias.
   Siempre creía que lo que tenían los demás era mejor que lo suyo y no vivía feliz.
   Protestaba porque a todos los demás artistas del circo, el público los aplaudía sin necesidad de caerse, recibir cachetazos (aunque no fuesen reales) o resbalarse con cáscaras de bananas de utilería.   De nada servía que todos sus compañeros del circo trataran de explicarle cómo eran las cosas. Simplemente Bonete no lo entendía.
   – Vos hacés reír a la gente, lo cual no es poco – le decía el mago
   – Si pero a vos todos te miran con admiración – contestaba Bonete
   
   Peluquín, por otro lado, disfrutaba mucho de su vocación de payaso. Le parecía que era el mejor de los trabajos. No sequejaba porque su ropa no brillase y porque sus zapatos fuesen ocho números más.
   Intentaba convencer a su amigo de lo valioso de la labor que realizaban, divertían a la gente y pocas cosas hay tan importantes como esa- decía siempre Peluquín.
   Sin embargo, Bonete no pensaba igual. Miraba siempre a los demás artistas con cierto recelo o tristeza.
   Veía que los malabaristas hacían su número conpelotas que brillaban y bolos fluorescentes, mientras que ellos hacían su rutina con pelotas de trapo o a veces ni siquiera eso.
   Bonete siempre tenía la mirada en lo ajeno, y todo lo ajeno le parecía mejor que lo suyo, se tratara de ropa, utilería, aplausos, etc.
   Un día, más disgustado que nunca con su realidad de payaso, escapó del circo.
   Peluquín y todos los demás artistas lobuscaron por todos los lugares posibles, pero no aparecía. Como no podían abandonar a la gente que ya había comprado sus entradas, decidieron que Peluquín lo siguiera buscando y comenzaron a  hacer las funciones sin los payasos.
   El espectáculo no fue el mismo. Si bien la gente se seguía sorprendiendo con el mago y maravillando con los trapecistas y malabaristas, ya no se reía pues no había payasosque los hicieran reír.
   Los animales se esforzaban por hacer aún más increíbles sus proezas para sacarle una sonrisa al público, pero no lo lograban. El maestro de ceremonias improvisó algún que otro chiste, pero no hizo reír ni siquiera a su esposa.
    El circo empezó a perder espectadores pues ya se había corrido la voz que los payasos no estaban y, aunque a algunos les cueste creerlo, una delas cosas que más necesitan las personas es reír.
   Tal fue la reacción de la gente que el maestro de ceremonias y dueño del circo, suspendió las funciones hasta que volvieran los payasos. No se trataba sólo de perder espectadores, nada era igual sin Peluquín y Bonete. Ni las funciones, ni los momentos que los artistas compartían en sus carromatos.
   Peluquín volvió muy triste al circo,...
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