Manual del perfecto idiota

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Manual del perfecto idiota latinoamericano

VI

.CREAR DOS, TRES, CIEN VIETNAM»

Sólo una revolución puede cambiar la sociedad y sac arnos de la pobreza.

Bastaría recordarle al idiota latinoamericano, con su manía dirigista, que existen cosas como terremotos, cataclismos, maremotos, infartos, aneurismas, accidentes aéreos y muchas otras formas ajenas al control humano capaces deproducir cambios en una sociedad. Los fenómenos cósmicos, las convulsiones naturales, las tragedias personales y los mil disfraces que tiene la casualidad han engendrado, a lo largo de milenios y de siglos, más cambios quetodas las revoluciones juntas, desde que los partidarios de Cromwell le rebanaron el occipucio a Carlos I hasta que el Ayatollah Jomeini desbancó al sha de Irán. Pero no seamos tanpuntillosos con el idiota. Supongamos que al pronunciar este prodigio de frase ha querido dejar de lado expresamente toda forma de cambio que no sea la estrictamente dirigida por el hombre. Bien: no podemos negar que una revolución p uede cambiar a una sociedad. Pero la lógica según la cual sólo una revolución puede cambiar una socie dad es digna de hospital psiquiátrico. Hay sociedades regidas porregímenes de fuerza a los que no se puede sacar del poder sin violencia. Hay otras en las que no es necesario volarle los sesos al adversario. Sin embargo, el defensor de la violencia no apela a la lógica sino a la arbitrariedad. Quiere, desea apasi onadamente, que haya violencia. Pero sigamos siendo indulgentes. Digamos que la revolución no es sólo u na forma de conquistar el poder sino también deejercerlo. Su ejercicio requiere, tanto para preservar el poder frente a los enemigos reales y potenciales como para perpetrar los despojos económicos necesar ios para acabar con el viejo orden, el uso de la fuerza revolucionaria.

Digamos que el viejo orden es caduco e inicuo, despreciable y malvado. Hay que cambiarlo y, como se resiste, hay que usar la fuerza. Se deduce de esto que sólo si elresultado de esta transformación es un gran cambio para bien estará el idiota justificado en surotunda afirmación de que la revolución es el únic o instrumento válido para el cambio.

Hay un ligero inconveniente: no existe un sólo caso de revolución, excepción hecha de la inglesa en 16 88 y la americana, a fines del XVIII, que haya traído el bien. Es más: ninguna revolución, excepción hecha dela inglesa y de la americana, que fueron en sentido contrario a la brújula del idiota, y acaso la francesa, que promovió algunos principios saludables en medio de innumerables barbaridades, ha traído más beneficios que perjuicios. Como la revolución que d ibuja una rueda en marcha o un disco en movimiento, el ejercicio revolucionario, a pesar de su velocidad, es un permanente regreso al pasado, unretroceso perenne hacia la injusticia de partida. Las revoluciones latinoamericanas han producido dictaduras en todos los casos, desde la mexicana hasta la nicaragüense (los gobiernos del MNR en Bolivia o de Allend e en Chile, a pesar de decirse revolucionarios, no fueron revolucionarios propiamente, porque una revolución implica una toma violenta del poder y la abolición del sistema imperante. Enambos casos, c on todas las arbitrariedades y despojos que hubo, y con todas las calamidades económicas que produjeron, no puede hablarse estrictamente de revolución). En otr as latitudes, la experiencia ha sido similar a la latinoamericana. Todas las revoluciones africanas y asiáticas engendraron monstruos. Las hazañas de Pol Pot y Mao en Asia, o de Mengistu y el Movimiento Popular para laLiberación de Angola en África, para poner apenas cuatro ejemplos, mataron de odio, de miedo y de hambre a los supuestos beneficiarios de dichas revoluciones. Mao, el Gran Timonel, timoneó a sesenta millones de chinos hasta la muerte con su colectivización de la tierra. Para ellos, el «gran salto hacia adelante» fue un salto hacia la tumba, no precisamente orlada con cien flores. Hailé Maríam...
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