Maquina de los niños

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La máquina de los niños
Replantearse la educación en la era de los ordenadores

Seymour Papert

Ediciones Paidós
Barcelona - Buenos Aires - México

CAPITULO I

Anhelantes e instructores

Imaginemos un grupo de viajeros del tiempo provenientes del pasado; entre ellos hay un grupo de cirujanos y un grupo de maes¬tros de escuela todos ellos ansiosos por conocer cuánto ha cam¬biado suprofesión al cabo de cien o más años. Imaginemos el des¬concierto de los cirujanos al encontrarse en el quirófano de un hospital moderno. Si bien serían capaces de reconocer que se esta¬ba llevando a cabo una operación, e incluso podrían adivinar cuál era el órgano enfermo, en la mayoría de los casos no serían capaces de hacerse una idea de cuál era el objetivo del cirujano ni de la función de losextraños instrumentos que éste y su equipo estaban utilizando. Los rituales de la asepsia y la anestesia, los agudos soni¬dos de los aparatos electrónicos y las brillantes luces, tan familia¬res para los espectadores habituales de televisión, les resultarían to¬talmente extraños.
Los maestros del pasado, por el contrario, reaccionarían de ma¬nera muy distinta a la clase de una escuela primariamoderna. Po¬siblemente se sentirían confundidos por la presencia de algunos objetos; quizá percibirían cambios en la aplicación de ciertas técnicas -y seguramente no habría acuerdo entre ellos sobre si el cam¬bio ha sido para bien o para mal-, pero es seguro que todos com¬prenderían perfectamente la finalidad de cuanto se estaba llevando a cabo y serían perfectamente capaces de encargarse de laclase. Uti¬lizo esta parábola a modo de medida, tosca pero eficaz, de la des¬proporción que existe en las diferentes facetas del cambio históri¬co. En el umbral del asombroso crecimiento de la ciencia y la tecnología de nuestro pasado más reciente, algunas áreas de la acti¬vidad humana han sufrido un megacambio. Las telecomunicaco¬nes, el ocio y el transporte, así como la medicina, se hallan entreestas áreas; la escuela permanece como notable excepción. Tam¬poco podemos decir que no se haya producido ningún cambio en cómo se educa a los estudiantes, pues es evidente que lo ha habido. Sin embargo, la parábola me brinda la oportunidad de hacer hincapié sobre algo que todos sabemos acerca de nuestro sistema edu¬cativo: sí, ha cambiado, pero no hasta tal punto que su naturaleza se haya vistosustancialmente alterada. La parábola nos plantea la siguiente pregunta: ¿por qué, en un período durante el cual hemos vivido la revolución de muchas áreas de nuestra actividad, no he¬mos presenciado un cambio comparable en la manera en que ayu¬damos a nuestros niños a aprender?
He lanzado al aire esta pregunta en numerosas situaciones, des¬de conversaciones casuales a seminarios más formales, y antetodo tipo de audiencias, desde niños que sólo llevaban algunos años en contacto con la escuela hasta profesionales de la educación con toda una vida de dedicación a la misma. Aunque las respuestas recibidas han sido tan variadas como lo podrían ser las respuestas al test de manchas de tinta de Rorschach, su distribución dista mucho de ser uniforme a lo largo de todo el espectro de posibilidades;la ma¬yoría se sitúa a un lado u otro de una gran línea divisoria.
Los que se hallan a un lado de esta línea, a los cuales llamaré Instructores, se sienten desconcertados por mi pregunta, sorpren¬didos porque les parece que estoy defendiendo la necesidad de un megacambio. Reconocen que la escuela tiene problemas (¡y, quién no los tiene hoy en día!) y se sienten muy preocupados por resol¬verlos.Pero, ¿un megacambio? ¿Qué puede querer decir eso?
Muchos se indignan. Para ellos, hablar de megacambio es como tocar la lira mientras toda Roma está ardiendo. Hoy en día, la educación se enfrenta a problemas inmediatos y urgentes. Háble¬nos de cómo podemos utilizar los ordenadores para resolver algunos de estos problemas prácticos e inmediatos que tenemos, me dicen.
En el lado opuesto de la...
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