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1. Contar

1. Lee el texto y escoge el resumen argumental que podría aparecer en la contraportada de la novela titulada Memorias de una vaca.

a) Una vaca que ha vivido tranquila en el campo es vendida junto a su compañera para animar una fiesta popular. En medio del horror se encuentra con Gafas Verdes, su único enemigo hasta ese día. El texto pertenece a la novela Memorias de una vaca deBernardo Atxaga, seudónimo de Joseba Irazu, una de las figuras más representativas de la última generación de escritores vascos.

b) Dos vacas francesas cogen el avión y se vienen a Galicia de vacaciones, desconocedoras de nuestras costumbres, sufren la brutalidad de un encierro. El autor del artículo que reproducimos, publicado en el diario parisino Le Monde el 7 de julio de 1816, es BernardQuirit, uno de los padres del periodismo belga, precursor del ecologismo y fundador de Green Peace.

c) El famoso torero Bernardo Atxaga, “el Gafas”, cuenta un sueño en el que, junto con su mozo de espadas, se ve convertido en vaquilla y llevado a una capea donde sufre en sus propias carnes la fiesta que tantos triunfos le había dado. Como una revelación, este hecho le empuja a afeitarse elbigote y a escribir sus “Memorias de una vaca”, de las que hemos extraído este fragmento.

Al principio, desde el cubil donde nos habían encerrado los jóvenes, oíamos el zumbido de la gente que hablaba en la plaza y en la calle. El zumbido parecía polvo, llenaba todo el aire y lo volvía grueso. Debían de ser miles de personas hablando a la vez.
–¡Qué necesidad de hablar tiene esa gente! –le dije ala Vache un poco irritada.
–Estarán todos borrachos comentó La Vache con desprecio. Sus ojos estaban muy brillantes.
En eso, sentimos que, por encima del zumbido de la gente, surgía una música estridente y machacona. Se trataba sin duda de una charanga; de una charanga que –también eso resultaba obvio– se iba acercando a nosotras. Poco después, los martillos, martillones y mazas se pusieron agolpear nuestra marmita. Sonaban los clarinetes, sonaban las trompetas, sonaba sobre todo el bombo, y mi amiga y yo no conseguíamos oírnos. La música aplastaba nuestras palabras.
La Vache, siempre más nerviosa que yo, dio un golpe a la puerta. Fue inútil, porque la puerta estaba bien encajada. Consiguió, eso sí, abrir un resquicio por el que alguien –para que nos fuéramos enterando de cuálera nuestra situación real– introdujo un petardo encendido. El petardo explotó de inmediato y retumbó dentro de nuestras cabezas.
A la explosión del petardo le siguió el bombo. El que probablemente era el más fuerte de la charanga se empeñó en seguir él solo con el concierto, y golpeaba su bombo una y otra vez, uno–dos–y–bom, uno–dos–y–bom, y así durante diez minutos, durante veinte, durantecuarenta. Era incansable, parecía hipnotizado con su uno–dos–y–bom, uno–dos–y–bom. No hacía falta tener el oído tan fino como Eutropio para ponerse a dar golpes contra la pared. Y eso era justamente lo que hacíamos, golpear la pared para hacernos daño y así olvidar por un momento aquel uno–dos–y–bom. Pero al más fuerte de la charanga le daba igual, él era incansable, él seguía con suuno-dos-y-bom, uno-dos-y-bom. Cuando nos abrieron las puertas del cubil, ya estábamos enloquecidas.
Nos abrieron las puertas, y sentimos como si alguien hubiera quitado la tapa de la marmita; seguía el ruido, pero al menos teníamos aire para respirar. La Vache salió rapidísima y con un objetivo claro: pasó por encima de la gente que se había apiñado en la puerta y tiró de un golpe al tipo del bombo. Allíquedó aquel asqueroso retorciéndose de dolor, con las costillas bien molidas. Y sin ganas de seguir tocando el maldito bombo, supongo.
Al principio nos defendimos bien y dimos buenos golpes, yo buenos y La Vache mejores, y si hoy día puedo decir que soy una vaca que ha roto más de treinta huesos, ese orgullo lo tengo sobre todo por aquella fiesta. Pero los del pueblo eran muchos, y se acercaban...
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