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  • Publicado : 12 de septiembre de 2012
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La mañana refulge gloriosa y las vitrinas de todos los almacenes están de gala, de alegría y paz en el señor. En esa víspera clásica se exhiben con ingenua elegancia, para tentación de chicuelos y de papás, cuantos juguetes, comestibles y ociosidades han creado las industrias nacionales y extranjeras. Gentes de toda clase y condición atisban aquí, husmean allá, trasiegan por dondequiera, en buscade los regalos que, en aquella noche de venturanzas, ha de traer el Niño Dios a la rapacería de la familia. Demandaderas y sirvientes van y vienen, cargados de cajas y envoltorios; los obsequios se cruzan, los presentes se cambian, mientras la horda mendicante implora e implora en ese momento cristiano en que los corazones se ablandan.
Un caballero, de aire noble y ya maduro, observa desde unaesquina del Capitolio aquel agitarse vertiginoso de la colmena. Su aire revela hondos pesares. ¿Cómo no? Es un señor sin hijos, separado de su mujer y forastero en la capital. La soledad y el hielo de su vida le acosan en este día en que se rinde culto a la familia, se prende el lar de los afectos y se piensan en los ausentes y en los muertos queridos.
La felicidad que nota en tanta cara extrañale hace más acerba su desgracia.
- |¿Embolo mesio? -le dice un granujilla hasta de once
años, con voz arrulladora de súplica. El hombre hace una señal de asentimiento, pone un pie sobre la caja y el menestralillo empieza.
Está astroso, desharrapado, roto; pero sus manitas y sus pies son escultóricos, sus uñas encañonadas y pulidas. En medio de aquel desaseo se adivina en esas extremidades elproceso de una estirpe aristocrática. En torno del raído casquete se alborotan unos bucles castaños que enmarcan una carita de tono ardiente, con facciones de ángel. Hay en sus movimientos, manipuleo y ademanes, esa gracia indecible de los niños cuando ejecutan con esmero algún trabajo.
El hombre lo estudia.
-¿Cómo te llamas?
-¿Yo, patroncito? Me llamo Tista Arana.
Y muestra unos dientes de rata,y pone en el señor unos ojos rasgados, claros y luminosos como la mañana.
-¿Tienes padres?
-No tengo más que mi madrina. Mi madrecita se murió cuando tenía seis años. ¡Era muy linda! Y mi taita me llevó donde mi madrina. Como vivía en la casa de junto... El taba casao con ella.
-¿Y murió también tu padre?
-Se cayó de un andamio, aquí en el Capitolio, y se le salieron los sesos.
-¿Y tumadrina te quiere mucho?
-Ni sé qué le diga a su mercé.
-¿Te pega?
-Me curte muy duro cuando no le junto hartos pesos y cuando toma chicha, y también cuando se me rasga la ropa. Ayer me jartó a totes. Es muy fregada.
-¿Y cuánto ganas al día?
-¿Yo, patroncito? Pues unas veces apenas pa pagale la comida, que son doce pesos, y otras, cuando más, algunos veinticinco. Los grandes sí consiguen mucho.Pasa a éstas un fámulo con unos paquetes, y, al caérsele uno, salta al andén un riflecito sumamente cuco.
-¡Cómo gozarán los hijos de los ricos! -exclama Tista medio transportado-. ¡Vea ese rifle patroncito!
-¿Quisieras uno así?
-¿Y qué me gano con querer?
-Pues, ¡quién sabe!
El señor le paga veinte pesos por el lustre y lo lleva a un almacén para que escoja un rifle o lo que quiera.
El rapazno puede creer aquel sueño, no puede comprender acto tan raro. Pensara que el patroncito se burla, a no ser por la paga tan enorme que ha recibido. Entra tembloroso, la cabeza baja, cambiando de colores. No puede oír, no puede hablar. Pero uno de los dependientes, que sabe su oficio, viene en su ayuda. Que escogiera el chico zoquete lo que a bien tuviese ya que la fortuna le sorprendía. Le alcanzatambores, espadas, cornetas, carros, animales. |Un rifle, articula al cabo el chicuelo. Le sacan varios, y elige uno de salón y aire comprimido. ¡Qué maravilla! La lata parece acero, la caja es un primor y mide casi una vara. "No es tan zoquete", dice una compradora. ¡Qué zoquete es un experto! En su turbación desarticula el arma, y, con sus trémulas manitas, hace jugar el mecanismo. Le dan un...
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