Monje que vendio su ferrari

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RESUMEN EJECUTIVO

Esta es la historia de Julián Mantle, un prominente abogado
que lo tenía todo en la vida (o al menos eso creía él). Pero, un
día, tras un infarto que lo puso al borde de la muerte, Julián
tomó la decisión de vender todas sus posesiones materiales e
irse a la India en busca de iluminación.
Fue entonces cuando conoció a los Sabios de Sivana en una
remota comunidad perdidaen los Himalayas. Julián estudió
junto a estos durante varios años y así consiguió lo que estaba
buscando: las siete virtudes eternas de la vida esclarecida.
Esta amena historia constituye una fuente de sabiduría práctica
y espiritual que puede ser aprovechada por cualquiera, y
en especial, por gerentes y profesionales.

El despertar

A sus 53 años, Julián Mantle parecía unseptuagenario. Era uno
de los abogados procesales más prominentes del país. Sobre su
escritorio tenía una frase enmarcada: “Estoy convencido de
que en este día somos dueños de nuestro destino, que la tarea
que se nos ha impuesto no es superior a nuestras fuerzas; que
sus acometidas no están por encima de lo que soy capaz de
soportar. Mientras tengamos fe en nuestra causa y una indeclinable
voluntad devencer, la victoria estará a nuestro alcance”.
Fiel a este lema, Julián era un hombre duro, dinámico y
siempre dispuesto a trabajar 18 horas diarias.
Julián no sólo era bien conocido por sus éxitos profesionales,
sino por sus trajes italianos de tres mil dólares que vestían su
bien alimentado cuerpo, las salidas nocturnas a los mejores
restaurantes de la ciudad con despampanantes modelos ysus
excesos etílicos.
Durante los primeros años, justificaba su dilatado horario afirmando
que lo hacía “por el bien del escritorio jurídico”, y que
tenía previsto tomarse un mes de descanso “el próximo invierno”
para irse a las islas Caimán. Pero el tiempo pasaba y, a
medida que se extendía su fama de abogado brillante, su cuota
de trabajo, y sus éxitos, no dejaban de aumentar.
Pero algoandaba mal. Nada era suficiente para Julián. Ya no
se ocupaba de su esposa; su matrimonio finalmente fracasó.
Los excesos lo habían dejado más que obeso, se quejaba de
que estaba enfermo y había perdido el sentido del humor. Era
como si su vida hubiera perdido sentido. Pero lo peor de todo
era que, Julián Mantle, el brillante abogado, había perdido,
además, su pericia profesional.
No setrataba sólo del ritmo de vida que había llevado, sino de
lo que él mismo describía como un vacío espiritual. Ya no se
sentía entusiasmado por su trabajo. Fue entonces cuando sucedió:
Julián Mantle se desplomó en el tribunal frente a la mirada
atónita del juez y sus asistentes.

El visitante misterioso

El viejo Harding fue quien dio la noticia: “Julián ha decidido
abandonar el bufete yrenunciar al ejercicio de su profesión”.
Esto sucedió hace unos años. La noticia me sorprendió sobremanera.
Sabía que Julián tenía sus problemas, pero no esperaba
algo así. Lo último que supe fue que se había ido a la India.
Les dijo a sus socios que deseaba simplificar su vida y conseguir
respuestas.
En esos tres años pasé de ser el asistente de Julián para convertirme
en un hastiado y cínicoabogado. Llevaba una vida intensa,
pero debo admitir que, en mis momentos de tranquilidad,
pensaba a menudo en Julián. Me preguntaba qué sería de él.
La respuesta a esta pregunta llegó hace dos meses. Tras un día
de arduo trabajo, mi asistente entró en la oficina y me dijo que
fuera me buscaba alguien con urgencia. Al principio me negué,
pero tras la insistencia de mi asistente decidí recibiral extraño.
Fue entonces cuando por la puerta entró un hombre risueño de
unos 35 años. Era alto, delgado y musculoso, e irradiaba vitalidad
y energía. El joven se quedó mirándome hasta que dijo:
“¿Es así como tratas a tus visitas, John, incluso a quienes te
enseñaron todo cuanto sabes?”
- ¿Julián? ¿Eres tú? ¡No me lo puedo creer!
La sonora carcajada del visitante confirmó mis sospechas....
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