Mr harris

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  • Publicado : 3 de septiembre de 2012
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El señor Harris y el tren nocturno


A Mr. Harris le gustaban los trenes. El tenía miedo a los aviones, y no le gustaban los micros. Pero los trenes – eran grandes y ruidosos y excitantes. Cuando él era un niño de diez años, a él le gustaban los trenes. Ahora él era un hombre de cincuenta, y todavía le gustaban los trenes.
Entonces él era un hombre feliz la noche del 14 de Septiembre. Elestaba en el tren nocturno de Helsinki a Oulu en Finlandia, y tenía diez horas de viaje por delante.
“Tengo un libro y mi periódico,” pensó él. “Y hay un buen restaurante a bordo del tren. Y después tengo dos semanas de vacaciones con mis amigos finlandeses en Oulu.”
No había demasiada gente a bordo del tren, y nadie vino al compartimento de Mr Harris. El estaba contento por eso. La mayoría dela gente en el tren duerme toda la noche, pero a Mr. Harris le gustaba mirar afuera por la ventana, leer y meditar.
Después de la cena en el restaurante Mr. Harris volvió a su compartimento, y se sentó en su asiento pegado a la ventana. Por una hora o dos él observó los árboles y lagos de Finlandia por la ventana. Luego comenzó a ponerse oscuro, entonces él abrió su libro y comenzó a leer.
Amedia noche el tren se detuvo en la pequeña estación de Otava. Mr Harris miró por la ventana, pero no vio a nadie. El tren se alejó de la estación, dentro de la noche oscura otra vez. Luego la puerta del compartimento de Mr Harris se abrió, y dos personas entraron. Un hombre joven y una mujer joven.
La mujer joven estaba enojada. Ella cerró la puerta y la gritó al hombre: “¡Carl! ¡No me podéshacer esto!” El hombre joven se rió y se sentó.
Mr Harris era un hombre de baja estatura y tranquilo. El vestía ropa sobria, y tenía una vos tranquila. A él no le gustaban las personas molestas ni las voces fuertes. Entonces él no estaba a gusto. “La gente joven siempre es ruidosa,” pensó. “¿Por qué no pueden hablar tranquilos?”.
Él bajó su libro y cerró los ojos. Pero no podía dormir porque losdos jóvenes no paraban de hablar.
La mujer joven se sentó y dijo en una vos más tranquila: “Carl, vos sos mi hermano y te amo, pero por favor escuchame. No te podés quedar con mi collar de diamantes. ¡Devolvémelo ahora. Por favor!”.
Carl sonrió. “No, Elena,” dijo. “¡Estoy regresando a Rusia pronto, y me llevaré tus diamantes!” El se sacó su sombrero y lo apoyó en el asiento. “Elena, escuchá.Vos tenés un marido rico, pero yo – no tengo dinero. ¡No tengo nada! ¿Cómo puedo vivir sin dinero? Vos no podés darme dinero, entonces necesito tus diamantes, pequeña hermana.”
Mr Harris miró a la joven mujer. Ella era baja con pelo negro y ojos oscuros, su cara era blanca y lucía asustada. Mr Harris comenzó a sentir pena por Elena. Ella y su hermano no miraron a Mr Harris ni una vez. “¿No podránverme?” pensó.
“Carl,” dijo Elena. Su voz era muy tranquila ahora, y Mr Harris escuchó cuidadosamente. “Vos viniste a cenar a nuestra casa anoche, y fuiste a mi cuarto y agarraste mi collar de diamantes. ¿Cómo me pudiste hacer eso? Mi marido me dio esos diamantes a mi. Eran los diamantes de su madre antes de eso. Él va a estar muy, muy enojado – y yo le tengo miedo.”
Su hermano se rió. Pusosu mano en su bolsillo, luego la sacó afuera nuevamente y la abrió lentamente. El collar de diamantes lucía muy hermoso en su mano. Mr Harris lo observó fijamente. Por un minuto o dos nadie se movió y estaba tranquilo dentro del compartimento. Solo estaba el ruido del tren, y continuó rápidamente dentro de la noche oscura y fría.
Mr Harris abrió su libro otra vez, pero no lo leyó. Él observó lacara de Carl, con sus ojos enojados y su sonrisa fría.
“¡Que hermosos, hermosos diamantes!” dijo Carl. “puedo conseguir un montón de dinero por esto.”
“Devolvémelos, Carl,” suspiró Elena. “Mi marido me va a matar. Vos sos mi hermano…Por favor ayudame. ¡Por favor!
Carl se rió de nuevo, y Mr Harris quería golpearlo. “Vete a casa, pequeña hermana,” dijo Carl. “No te voy a devolver los...
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