Nada

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  • Publicado : 5 de octubre de 2010
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Cuento del pantalón
Laura Devetach

Como todo el mundo sabe, las Sidonias son de enamorarse perdidamente. Y así fue que Sidonia se enamoró de Peteco, morochón y bigotudo.
Y se casaron, con laaprobación de la vaca, las gallinas, el gato, las palomas y demás amistades.
Los dos tenían el corazón como mediaslunas a las ocho de la mañana. Y al despertarse, día por día, se enamoraban otra vez, eluno del otro.
Eso sí: cada cual tenía su berretín.
Sidonia sembraba granos de maíz amarillos, panzoncitos y de nariz blanca.
- ¡ Qué grano tan pupipu! - decía Peteco y los miraba brotar ycrecer.
Sidonia sembraba también garbanzos peligrosos, de esos que se ponen a rodar y no se dejan cocinar.
Peteco hablaba con los animales. Y también hablaba con las plantas. Decía que así como las vacashacen mu los gatos miau, cada planta tenía su forma de hablar.
Las de hojas largas y finitas iiaban.
Las de hojas redondas, ooaban.
Las de hojas en forma de corazón, hacían chuic.
Las chiquititas,chiquititas, hacían fru fru, fru fru, secreteando.
El trabajo diario se repartía en paz y con discusiones.
Algunos días Sidonia cocinaba y ordeñaba la vaca. Otros días, ese trabajo le tocaba aPeteco. Día por medio se turnaban con el lavado de los platos, las compras y otras tareas.
Pero había un problema: a Sidonia no le gustaba coser y a Peteco, menos.
Pero el problema estaba en que Petecotenía un solo pantalón porque tampoco le gustaba salir de compras. Por eso, de tanto y tanto usarlo, se le rompía el cierre cada dos por tres. Y cada dos por tres Sidonia tenía que salir corriendo acasa de doña Virtudes, la que arreglaba el cierre a cambio de una canasta de garbanzos peligrosos.
-¡Se lo arregla ya, ya, doña Virtudes! ¡Si no, Peteco va a tener que salir envuelto en papel dediario! – decía enojada -. ¡No hay manera de que se compre otro pantalón!
Un día Sidonia y Peteco tenían que ir a comer asado a casa de unos amigos. Y justo, justo, se rompió otra vez el bendito cierre....
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