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Paolo Giordano

LA SOLEDAD DE LOS NÚMEROS PRIMOS

Título original: La solitudine dei numeri primi

Ilustración de la cubierta: Mirjan van der Meer

http://rooze.deviantart.com

Copyright © Arnoldo Mondadori Editore SpA, Milano, 2008

Copyright de la edición en castellano © Ediciones Salamandra, 2009

Publicaciones y Ediciones Salamandra, S.A.Almogávers, 56, 7° 2° - 08018 Barcelona - Tel. 93 215 11 99

www.salamandra.info

ISBN: 978-84-9838-205-1

Depósito legal: B-16.309-2009

1ª edición, febrero de 2009

4ª edición, abril de 2009

Printed in Spain

Impresión: Romanyá-Valls, Pl. Verdaguer, 1

Capellades, Barcelona

Índice

El ángel de la nieve (1983)El principio de Arquímedes (1984)

En la piel y más hondo (1991)

El otro cuarto (1995)

Dentro y fuera del agua (1998)

Sesión de fotos (2003)

Lo que queda (2007)

a Eleonora,

porque en silencio

te lo prometí

«El vestido ricamente guarnecido de la vieja tía se amoldó perfectamente al cuerpo esbelto de Sylvie, quien me pidióque se lo atara. "Tiene las mangas lisas, ¡qué ridículo!", dijo.»

GÉRARD DE NERVAL, Sylvie, 1853

El ángel de la nieve

(1983)

1

Alice della Rocca odiaba la escuela de esquí. Odiaba tener que despertarse a las siete y media de la mañana incluso en Navidad, y que mientras desayunaba su padre la mirase meciendo nerviosamente la pierna por debajo de la mesa, como diciéndoleque se diera prisa. Odiaba ponerse los leotardos de lana, que le picaban en los muslos, y las manoplas, que le impedían mover los dedos, y el casco, que le estrujaba la cara y tenía un hierro que se le clavaba en la mandíbula, y aquellas botas, que siempre le iban pequeñas y la hacían andar como un gorila.

-Bueno, ¿qué? ¿Te bebes la leche o no? -volvió a apremiarla su padre.

Alicetragó tres dedos de leche hirviendo que le quemó sucesivamente la lengua, el esófago y el estómago.

-Bien. Y hoy demuestra quién eres, ¿vale?

¿Y quién soy?, pensó ella.

Acto seguido salieron a la calle, la niña enfundada en su traje de esquí verde lleno de banderitas y fosforescentes letreros de patrocinadores. A aquella hora había diez grados bajo cero y el sol era undisco algo más gris que la niebla que todo lo envolvía. Alice sentía la leche revolvérsele en el estómago y se hundía en la nieve con los esquíes a hombros, porque has de cargarlos tú mismo hasta que logres ser tan bueno que otro los cargue por ti.

-Con las puntas por delante, y no mates a nadie -le recordó su padre.

Acabada la temporada, el club de esquí obsequiaba a los alumnoscon un broche de estrellitas en relieve, uno cada año, desde que tenían cuatro y eran lo bastante altos para meterse entre las piernas el telearrastre, hasta los nueve, en que podían agarrarlo solos; tres estrellas de plata y después tres de oro; cada año un broche, que significaba que uno era un poco mejor y estaba más próximo a competir, cosa que ya espantaba a Alice, que sólo tenía tresestrellas.

Habían quedado en el telesilla a las ocho y media, hora en que abrían las pistas. Allí estaban ya sus compañeros, en corro, como soldaditos de plomo embozados en sus trajes de esquí, entumecidos de frío y soñolientos; habían hincado los bastones en la nieve para apoyar las axilas. Con los brazos colgando parecían espantapájaros. Nadie tenía ganas de hablar, y menos que nadie Alice.Su padre le dio dos fuertes golpes en el casco, ¡ni que quisiera clavarla en la nieve!, y le dijo:

-A por ellos, y recuerda: echa el peso hacia delante, ¿entendido? Ha-cia de-lan-te.

El peso hacia delante, le resonó a Alice en la cabeza.

Y soplándose las manos, su padre echó a andar; pronto estaría leyendo el periódico al calorcillo de casa. Fue dar dos pasos y...
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