Patristica

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A pesar de su gran ambivalencia, o quizás por causa de ella, los conceptos "posmoderno", "posmodernidad" y "posmodernismo" fueron utilizados para designar las profundas transformaciones experimentadas por las sociedades occidentales durante la segunda mitad del siglo XX. El protagonismo adquirido por la ciencia y la técnica en todos los aspectos de la vida cotidiana, la coexistencia de unapluralidad heterogénea de proyectos vitales, el desmoronamiento de la sociedad burguesa europea, la transnacionalización de la economía, la emergencia de una sociedad mundial fundada en el saber y la información, la pérdida de un sentido unitario de la existencia, la conciencia de la destrucción ecológica, el empobrecimiento creciente del llamado tercer mundo, la amenaza nuclear durante la guerra fría,el naufragio del socialismo, la massmediatización de la cultura: todos estos factores contribuyeron a crear un clima de desconfianza frente a los ideales civilizatorios que durante cuatro siglos habían vertebrado el proyecto de la modernidad”. La fe en el progreso y la perfectibilidad humanas, consecuencia de las revoluciones científico-técnica del siglo XVII, político-social del XVIII eindustrial en el XIX, empezó a perder su credibilidad. Tal rechazo crítico del moderno racionalismo se expresó en casi todas las áreas del saber desde mediados del siglo XX: teoría de la ciencia (T. S. Kuhn, G. Bachelard, P. Feyerabend), sociología (N. Luhmann, Z. Bauman, J. Baudrillard), filosofía (M. Foucault, J-F. Lyotard, J. Derrida, R. Rorty, G. Vattimo), crítica literaria (R. Barthes, P. de Man),historiografía (P. Veyne, H. White, M. de Certau), antropología (C. Geertz, J. Clifford) y teoría feminista (J. Kristeva, T. de Lauretis, J. Butler).

En regiones como América Latina, sometidas desde el siglo XIX a procesos contradictorios de modernización, los diagnósticos de la posmodernidad fueron inicialmente rechazados como “ideologías foráneas” por gran parte de la intelectualidadde izquierdas durante la década de los ochenta. En el campo específico de la filosofía, pensadores como Adolfo Sánchez Vázquez, Gabriel Vargas Lozano y Franz Hinkelammert entendieron la posmodernidad como un fenómeno cultural pertinente al desarrollo del “capitalismo tardío” en sociedades opulentas, que nada tiene que ver con el estado actual de las sociedades latinoamericanas. El anuncioposmoderno de la muerte del sujeto, el fin de las utopías y el final de la historia no seria otra cosa que la “legitimación ideológica” del neoliberalismo político, en su batalla por socavar los fundamentos ético-racionales de la economía. Por esta razón, algunos filósofos no dudaron en calificar la posmodernidad como “el opio de los pueblos” (L. Rozitchner), la “putrefacción de la historia” (G. ValdésGutiérrez), el “nuevo irracionalismo” (S. P. Rouanet) o el “desarme de las conciencias” (A. Roig), negando categóricamente un tipo de diagnóstico que amenazaba los ideales latinoamericanistas del “hombre nuevo”, la cancelación del subdesarrollo y la transición definitiva hacia el socialismo. Para ellos, de lo que se trata no es de negar el potencial emancipatorio de la modernidad, sino, como loafirmase Habermas, de llevar la modernidad a su “consumación” económica, política y moral en América Latina (R. Jaramillo Vélez, A. Serrano Caldera).

Pero a pesar de todos los escrúpulos filosóficos, el concepto de posmodernidad terminó por imponerse como herramienta teórica durante los años noventa, especialmente en el área de las ciencias sociales. Ya en 1986 el ConsejoLatinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) había organizado en Buenos Aires un seminario que llevaba el nombre programático “Identidad Latinoamericana: Modernidad y Posmodernidad”. Allí se hicieron evidentes las ventajas heurísticas del posmodernismo para un análisis de las sociedades latinoamericanas de final de siglo. Teóricos afiliados a la FLACSO como José Joaquín Brunner, Fernando Calderón, Norbert...
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