Por mi raza hablara en lacionalismo

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|Por mi raza hablará el nacionalismo revolucionario (Arqueología de la unidad nacional) |
|Claudio Lomnitz |
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¿Cómose forja la unidad nacional? ¿Qué papel juega la racialización —es decir, la naturalización de las diferencias sociales— en la formación del sujeto nacional? ¿Qué relación tiene “la raza” con la nacionalidad mexicana?

Me interesé por estas cosas hace algunos años, fascinado por el sentimiento de singularidad, lindante con la auto-obsesión, que teníamos en México cuando yo era estudiante en losaños setenta. Ese sentimiento, aquella obsesión con lo que el ideólogo de la Revolución mexicana Andrés Molina Enríquez llamaba “Los Grandes Problemas Nacionales” (así, con mayúsculas) tenía para mí una carga ambivalente en la medida en que servía para consolidar un modelo del intelectual como traductor, mediador o bisagra, útil para presentar ideas tomadas de afuera a un mercado interno cautivo,que consideraba suyo. En aquellas prácticas había cierto paralelo con la política comercial de la época, que favorecía el desarrollo del mercado interno. Hasta las compañías multinacionales se orientaban en ese sentido: la Ford de México traducía y trasladaba sus patentes y diseños a su fábrica de México para el mercado mexicano, y a la de Brasil para el brasileño, etcétera.
El momento de laglobalización neoliberal, que en México irrumpió con el derrumbe financiero de 1982, fue también una crisis para la intelectualidad mexicana. A diferencia, según me parece, de Brasil, que pudo aprovechar la globalización para expandir exponencialmente su diálogo y su influencia con países vecinos, el ingreso de México al intercambio intelectual con su vecino más importante, Estados Unidos, no ha podidodarse aún en el registro confiado y audaz de los brasileños —que son potencia en Sudamérica—. Se ha dado, por el contrario, en forma ardua y laboriosa, de manera paulatina, equívoca y sutil. Los paralelismos relativos entre México y Brasil pueden ser engañosos en este sentido: México no es a Norteamérica lo que Brasil a Sudamérica; ni es al mundo hispanohablante lo que Brasil al lusohablante.Estos contrastes entre países que tienen algunos puntos en común y otros divergentes, hacen patente que la era actual de globalización obliga a pensarlos fuera del marco de aquella monomanía de los grandes problemas nacionales. Lo que toca ahora no es tanto ahondar en nuestra supuesta o real singularidad, sino hacer jugar nuestros puntos de vista para pensar al mundo. Se trata de un ejercicio querequiere de un esfuerzo por conceptualizar no sólo aquello que a veces cansadamente seguimos llamando “lo nuestro”, y que puede ser una cosa tan pesada como unas boleadoras, y a veces igual de boludas, sino el sentido de nuestra situación desde un punto de vista mundial.

México tiene una situación peculiar en la geografía y en la historia de América. Esa peculiaridad es su larga frontera conEstados Unidos, que viene aunada a la interpenetración de ambas naciones, tan imbricada y tan reactiva, que pide ser comparada con situaciones lejanas de América, digamos la relación de Irlanda con Inglaterra, la de Corea con Japón, o la de Polonia con Alemania. Esta peculiaridad fronteriza, única en el continente americano, va aunada a otra, que es el tamaño y el relieve de México en el contexto delos países hispanoamericanos. México fue la colonia española más rica y más poblada de América, es el país hispanohablante más grande del mundo, y tiene hoy tamaño suficiente como para albergar una opinión pública, una intelectualidad y un sistema universitario relativamente robustos.

Es desde ahí, desde ese lugar, que busco ver. Y la pregunta que pienso explorar a partir del análisis de la...
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