Proyecto paloma

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EL PROYECTO PALOMA (1979) Irving Wallace

A mis tres venecianos preferidos SYLVIA, D AVID, A MY con cariño IRVING

El último enemigo destruido será la muerte. I Corintios, 15, 26

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Mientras tomaba la pluma, sosteniéndola momentáneamente en suspenso sobre la página en blanco —con fecha 15 de agosto— del diario, contempló su mano surcada por las venas, y en la que se entrecruzaban lasdelicadas arrugas de la vejez, y se sorprendió de su firmeza. Hubiera debido estar

temblando de emoción. ¿Acaso Arquímedes, al observar mientras se bañaba que subía el nivel del agua y descubrir así el principio del desplazamiento de los líquidos, no había saltado de la bañera y había echado a correr desnudo por las calles de Siracusa gritando: «Eureka!»? Sin embargo, a diferencia de Arquímedes,él había visto acercarse su descubrimiento a cada mes que pasaba. Al principio con incredulidad, y después con dudas cada vez menores, había visto cómo iba ocurriendo. Y al final, hacía quince minutos, el proceso había concluido definitivamente. La absoluta certeza. La confirmación. Eureka! Acercó con segura mano la pluma al papel y empezó a anotar rápidamente el trascendental acontecimiento, talvez el mayor hallazgo en toda la epopeya de la raza humana. Escribió: Lo que Ponce de León buscó tan desesperadamente en la tierra de Bimini, lo he encontrado yo en el Cáucaso. Tras doce años de incesantes investigaciones y experimentos en mi Londres natal, en mi Nueva York adoptivo y en lugares tan remotos como Vilcabamba, en Perú, y Hunza, en Pakistán, lo he encontrado en mi laboratorio de lasafueras de Sujumi, en la región de Abjasia de la Georgia soviética. A las cinco y cuarto de esta tarde, he tenido la seguridad. Ha sido como si hubiera encontrado la llave, la hubiera girado en la

cerradura y se hubiera abierto la puerta de la prolongación de la vida. A partir de hoy, mi fórmula, a la que he denominado C-98, extenderá la longevidad de todos los seres humanos de la tierra desdeun promedio de setenta y dos años a un promedio de ciento cincuenta. Tal vez sea éste el primer paso en el camino de la inmortalidad. Pero, de momento, ya es suficiente. Poder duplicar con creces la duración de la vida de todos los hombres, mujeres y niños de la tierra... sin duda, el más significativo, el más deseado y tal vez el mayor descubrimiento de la historia de la ciencia. Comprendo ahoraque estoy aterrado, anonadado por la inmensidad de lo que acaba de ocurrir. Estoy empezando a darme cuenta. Tengo que dejarme de reflexiones. Ha llegado el momento de celebrarlo. Le diré a Vasily que traiga el champán que llevo tanto tiempo guardando para este día. Informaré a Leonid y le pediré que brinde conmigo. Y la semana que viene, en el Congreso Internacional de Gerontología de París, loanunciaré al mundo. Había empezado a temblarle la mano, y dejó la pluma. Para ser un hombre de setenta y cuatro años, que además sufría de una ligera artritis en las rodillas, se levantó del sillón del escritorio con gran rapidez y vigor. Se sentía más alborozado que nunca.

—¡Leonid! —gritó súbitamente hacia el otro lado del salón—. ¡Leonid, lo he encontrado! El profesor Davis MacDonald sehallaba profundamente hundido en el sofá marrón pardusco, sosteniendo en la mano la copa vacía y tratando de enfocar a los dos Leonids sentados en el sillón que tenía enfrente, al otro lado de la mesita. Llevaba medio siglo sin emborracharse así, exactamente desde aquella noche de su juventud en que había abandonado Oxford para trasladarse a Londres. Resultaba agradable sentirse tan aturdido, olvidarlos miles de pensamientos que hasta entonces habían agobiado su cerebro y que en aquel instante se habían disipado en las brumas del champán. —Leonid —se dirigió a su ayudante de laboratorio. —Sí, profesor. MacDonald forzó la vista y logró por fin distinguir a un solo Leonid, sosteniendo también una copa y esperando atentamente sus palabras. Contempló a su ayudante con cariño. Aquel judío ruso de...
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