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LA DIVISIÓN DEL IMPERIO ROMANO
Antonio Cascón. Dpto. Fil. Clás. UAM
Historia. National Geographic, 2004

En teoría el Imperio Romano nunca estuvo dividido. Todavía en el 531, se seguían nombrando dos cónsules, uno en Roma y otro en Constantinopla, como símbolo de la unidad territorial. Para entonces las provincias occidentales estaban ya en manos de los reyes godos y en Oriente existía unImperio, que, más que Romano, era Bizantino. De manera que podríamos decir que, al menos aparentemente, la unidad del Imperio superó los límites de su propia existencia. Y, por seguir con las paradojas, se puede afirmar también que dicha división -una realidad indudable por encima de las apariencias y de los símbolos- es un proceso largo y alternativo que coadyuvó primero a la perduración delImperio y contribuyó después a su desaparición. La comprensión de este extraño proceso hace inevitable un recorrido temporal por la época del llamado Bajo Imperio.

1. En el Bajo Imperio.
Siempre me he preguntado por qué el llamado Bajo Imperio es mucho menos conocido que el anterior, al que llamamos Alto Imperio. En realidad, esta forma de nombrar las épocas, mediante el uso de los adjetivos altoy bajo, ya me parece francamente desafortunada, sobre todo teniendo en cuenta el carácter peyorativo que en castellano tiene el término bajo. Aun admitiendo que el nombre ayuda poco, no parece razón suficiente para explicar por qué, frente a la fama de los primeros emperadores, tienen tan escaso renombre entre el gran público los Diocleciano, Constantino, Valente o Teodosio, cuya importanciahistórica es indudable. ¿Será, quizá, porque en los programas de Historia de Roma los temas del Bajo Imperio ocupan los últimos lugares y lo normal es que no dé tiempo a impartirlos? No crean que es este un asunto menor, pero se me ocurren al menos dos razones de mayor peso para explicar la escasa popularidad de la historia del Bajo Imperio.
En primer lugar, hay que convenir que las característicasde una época tan inestable y confusa provocan de inicio en el lector interesado un cierto rechazo: el imperio se divide, se pierden y se ganan territorios fonterizos, se multiplican los nombres de los emperadores, en todas partes y épocas surgen usurpadores que pretenden apoderarse de una parte del territorio; migraciones e invasiones se confunden y son muy diversos los pueblos que lasprotagonizan, visigodos, ostrogodos, vándalos, alamanes, francos, hunos…Son tiempos, además, de escasez, miseria y derrota; de graves confrontaciones religiosas con el advenimiento del cristianismo y sus múltiples herejías. Muy distinto todo ello de los gloriosos años de Augusto y sus continuadores, cuando las fronteras eran estables y los emperadores ejercían el poder con cierta continuidad.
En segundolugar, debemos señalar la escasa calidad literaria de las fuentes que nos han transmitido los acontecimientos. Sin duda alguna, Salustio, Livio, Tácito y otros grandes escritores romanos han contribuido decisivamente a que la historia de la Roma republicana y alto imperial sea no sólo conocida sino fascinante para muchos lectores; en el Bajo imperio encontramos, sin embargo, autores de resúmenes,biógrafos chismosos, panegiristas, apologistas cristianos…Una literatura de segundo orden, simplista a veces, parcial otras, y siempre poco atractiva. Ni siquiera Amiano Marcelino, el mejor historiador de la época, se libra de esta etiqueta, pues su honrada narración de los hechos resulta excesivamente tediosa.
Pero la historia del Bajo Imperio permanecería en mayor oscuridad de no haberexistido la magnifica pluma de Edward Gibbon, quien a finales del XVIII escribió con el estilo de Tácito su Historia de la decadencia y caída del Imperio romano, una obra todavía de referencia obligada para los historiadores y siempre recomendable para los amantes de la narrativa literaria.

2. Unidad política, división administrativa y anarquía militar.
Fue Gibbon el primero en advertir que lo...
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