Redencion

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62. LA RECOMPENSA DE LOS SANTOS
VI DESPUÉS un gran número de ángeles que traían de la ciudad brillantes coronas, una
para cada santo, con el nombre de cada uno escrito en ellas. Cuando Cristo pidiólas
coronas, los ángeles se las trajeron, y con su propia diestra el amable Jesús ciñó con ellas la
frente de los santos. De la misma manera los ángeles trajeron arpas, y el Señor se las dio a
losredimidos. Los ángeles directores dieron primero el tono, y luego toda voz se elevó en agradecida y feliz alabanza, y todas las manos pulsaron hábilmente las cuerdas de las arpas
y dejaron oír unamúsica melodiosa que se desgranaba en ricos y perfectos acordes.
Después vi que Jesús conducía a los redimidos a la puerta de la ciudad. La asió y la hizo
girar sobre sus resplandecientes goznes, yordenó que entraran las naciones que habían
guardado la verdad. Dentro de la ciudad había de todo lo que podía agradar a la vista. Por
todas partes podían ver gloria en abundancia. El Señor miróentonces a sus santos
redimidos cuyos semblantes irradiaban luz, y fijando en ellos su mirada bondadosa les dijo
con voz rica y musical: "Veo el trabajo de mi alma, y estoy satisfecho. Vuestra es estaexcelsa gloria para que la disfrutéis eternamente. Terminaron vuestros pesares. No habrá
más muerte, ni llanto ni pesar, ni habrá más dolor". Vi que la hueste de los redimidos se 434
postró ydepositó sus brillantes coronas a los pies de Jesús; y cuando su bondadosa mano
los puso de pie, pulsaron sus áureas arpas y llenaron el cielo con su deleitosa música y sus
himnos al Cordero.

Vi luegoque Jesús conducía a su pueblo al árbol de la vida, y nuevamente oímos que su
hermosa voz, más sonora que cualquier música escuchada alguna vez por oídos mortales,
decía entonces: "Las hojas de esteárbol son para la sanidad, de las naciones. Comed todos
de él". En el árbol de la vida había hermosísimos frutos, de los cuales los santos podían
servirse libremente. En la ciudad había un trono...
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