Reflexiones ejecutivas

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Reflexiones Ejecutivas

EL VALOR DE LA INICIATIVA EN EL TRABAJO
Por: Óscar Fosados Arellano
Asesor y Capacitador de Empresas
Mazatlán, Sin., 16 de enero de 2011
Para ser publicado en periódico Noroeste el lunes 17 de enero de 2011

El sábado pasado, a medio día, conducía mi vehículo, cuando de pronto noté que salía humo del cofre. De inmediato pensé que era el radiador, por lo que busquélo más rápido posible algún taller o estación de gasolina para solicitar auxilio.
En verdad mi angustia creció de forma preocupante, ya que a esa hora el tráfico estaba muy saturado y sólo podía manejar a vuelta de rueda. Lo que hacía que mi ansiedad creciera a pasos agigantados, y más al observar que la aguja de la temperatura estaba ya casi en su límite superior; lo que menos quería eraquedar atrapado entre aquel mar de vehículos y causar molestias o algún accidente.
Mientras la circulación vial seguía lentísima, y del cofre emanaba más vapor, por fin divisé una gasolinera a la cual me dirigí con precaución y paciencia.
Al entrar al área de servicio me sentí más tranquilo, a pesar que el vapor salía con más fuerza y era demasiado notorio; pero, lo que llamó mucho mi atención, ymuy gratamente, fue que al final de esa área estaba una joven mujer trabajadora esperando a que me estacionara, con manguera de agua en mano, lista para auxiliarme. Accioné la palanca de apertura del cofre, y ella, junto con otro compañero levantaron el cofre e iniciaron la labor de enfriamiento, ante mi preocupación de pensar que podría pasarles algo, pero no, todo lo estaban haciendo conconocimiento.
Apagué la marcha del carro y me bajé, pero me indicó que no lo apagara, que lo arrancara de nuevo. Obedecí y me paré frente al radiador para tratar de descubrir la causa, y de inmediato me di cuenta que una abrazadera de una de las mangueras que se une al radiador se había roto por la corrosión, ya que en esa unión precisamente era por donde emanaba el vapor a presión de maneraespectacular.
Debo confesar que seguía muy mortificado por no saber cómo actuar en este tipo de incidentes, pero la empleada me transmitía mucha confianza al ver que sí sabía lo que estaba haciendo. Repetidamente le preguntaba si era correcto que mojara el radiador, que si había agua dentro, y a todo me contestaba que todo lo que hacía era lo que se debía hacer.
Entre otras cosas, también me preocupabaestar ocupando una de las áreas de servicio, pudiendo obstaculizar el despacho a otros carros, y más porque se estaba regando mucho agua en el piso. Pensé que algún supervisor, o el encargado vendría a pedirme que me retirara de ahí, o que me dijera que ahí no era taller mecánico, lo que me hacía sentir intranquilo, mientras la amable trabajadora seguía en su labor de enfriamiento.
Sabiendo quela abrazadera rota era la causante, supe que la solución era reemplazarla, de modo que ella me indicó que fuera a una refaccionaria que estaba enfrente y me hizo el favor de quitarla para llevarla de muestra.
Cruzar la ancha avenida, esperar semáforos, se me hizo eterno, pues seguía con el pendiente al pensar que además de la abrazadera, pudiera haber alguna fuga en otra parte del radiador.Regresé con la nueva abrazadera, ella misma se encargó de colocarla, y de continuar con el proceso de enfriamiento. Mientras ella trabaja en esto, me pedía que checara la aguja de temperatura, pero ésta no bajaba. Mi angustia continuaba. Por fin, a los pocos minutos, la aguja bajó a posición normal, y con ella mi intranquilidad. El problema se había resuelto.
Antes de cerrar el cofre, verifiqué quetodo estuviera en orden. Agradecí repetidamente a la joven trabajadora por la gran ayuda, le di una propina, la cual titubeó en aceptar, diciéndome que no era nada, pero le dije que la aceptara, porque se la merecía, sabiendo que es costumbre dar propina a los trabajadores de las gasolineras.
Ella estuvo ahí parada junto al carro, hasta que me fui diciéndonos adiós con la mano.
Les narro este...
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