Serpentina

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EL DESERTOR
Rafael Delgado

AL INCOMPARABLE NOVELISTA DON JOSÉ MARÍA DE PEREDA

Cerca de un cerrito boscoso, en lo alto de una loma está el rancho. Del otro lado de la hondonada, a la derecha, una selva impenetrable, secular, donde abundan faisanes, perdices y chachalacas. A la izquierda, profundísimo barranco. Una sima de oscuro fondo, en cuyos bordes despliegan sus penachos airosos loshelechos arborescentes, mecen las heliconias sus brillantes hojas, y abre sus abanicos el ríspido “huarumbo”; un desbordamiento magnífico de enredaderas y trepadoras, una cascada de “quiebraplatos”, rojos, azules, blancos, amarillos -copas de dorada seda que la aurora llena de diamantes. En el punto más estrecho de la barranca, sobre el abismo, un grueso tronco sirve de puente.
Allá muy lejos, muylejos, cañales y plantíos, los últimos bastiones de la sierra, el cielo de la costa poblado de cúmulos, en el cual dibujan los galambaos cintas movibles, deltas voladoras. Más acá sombríos cafetales, platanares numerosos, milpas susurrantes, grandes bosques de cedros, ceibas y “yoloxóchiles”, sonoros al soplo de las auras matutinas, musicales, harmónicos. Allí zumban las “chicharras” ebrias de luz,y deja oír el “carpintero” laborioso, los golpes repetidos de su pico acerado.
Un manguero de esférica y gigantesca copa, toda reclamos y aleteos; a su pie, dos casas de carrizo con piramidales techos de zacate; una, chica, que sirve de troje y de cocina; otra, mayor, cómoda y amplia, donde vive la honrada familia del tío Juan.
Afuera canta el gallo, un gallo giro, muy pagado de la hermosura desus cuarenta odaliscas; choquean irascibles las cluecas apasionadas; cacarean con maternal regocijo las ponedoras y pían los chiquitines de la última nidada veraniega. En el empedrado del portalón. AIí, el viejo y cariñoso AIí, sueña con su difunto amo, gruñe, y, de tiempo en tiempo, sacude la cola para espantarse las moscas.
En el horcón, en su estaca de hierro, un loro de cabeza jade parloteasin parar: “¡Lorito perro, perro!… ¿Eres de casa?… o” “la… la….¡Qué regalo!”
Los mancebos están en el campo, en la milpa, en el cafetal, en la dehesa. Las dos muchachas, Lucía, la de los ojos negros, y Mercedes, la del cuerpecito gentil; andan muy atareadas en la cocina. Humea el techo de la casa, huele el aire a leña verde que se quema, y el palmotear de la tortillera resuena alegre y brioso,como diciendo: ¡Venid que ya es hora!
Señora Luisa trabaja en el portalón, sentada en un butaque, caladas las antiparras. Junto a ella duerme el gato, hila que te hila.
La desdichada mujer, antes tan fuerte y animosa, se siente ahora débil y cobarde. No han bastado a calmar su dolor tres largos años de llorar día y noche. Pasan las semanas y los meses, Y ¡en vano! No puede olvidar a tío Juan, a su“pobre viejo”, como ella le decía. Ni un instante aparta de la memoria aquella noche horrible, tempestuosa, sangrienta, en que, volviendo de la Villa, en la cuesta del Jobo, unos bandidos asesinaron al honrado labriego.
-¿De qué sirve -piensa- que reine en esta casa la abundancia; de qué sirve que los cafetos se dobleguen al peso de los frutos y los maizales prometan pingüe cosecha, y la toradacause envidia a cuantos la ven? ¿De qué sirve todo esto, y qué vale, si quien debía gozar de ello, primero que nadie, quien trabajó tanto y tanto para conseguirlo, no vive ya?
La buena anciana prende la aguja en el percal, se quita los anteojos y enjuga sus mejillas con la punta de un gran pañuelo azul, se santigua, y reza, quedito, muy quedito…
El desertor salió al campo con Antonio. El pobrehombre es trabajador y se desvive por ayudar a los muchachos, pagando así la hospitalidad que recibe. Cuida de las reses cuando los muchachos están en la Villa, raja leña, desgrana mazorcas y labra cucharas y molinillos. En la noche, después del rosario y de la cena, se pone a leer. Sabe leer y escribir muy bien. Señora Luisa lo quiere mucho. El desertor -así le llamaban todos- paga el cariño de...
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