Si hubiera espinas

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V. C. Andrews

Si hubiera espinas

Índice
PRÓLOGO 2
PRIMERA PARTE 3
SEGUNDA PARTE 41
TERCERA PARTE 77
EPÍLOGO 152




Esta novela es una obra de ficción. Nombres, personajes, lugares e incidentes son producto de la imaginación del autor o se emplean como ficción. Cualquier parecido con sucesos, situaciones o personajes reales, vivos o muertos, es puracoincidencia.






A Mary, a Joan.







PRÓLOGO



Un atardecer, cuando se alargaban las sombras, mientras estaba sentada, callada e inmóvil, junto a una de las estatuas de mármol de Paul, oí que las estatuas murmuraban a mi oído, hablándome de un pasado que nunca podría olvidar y aludiendo taimadamente a un futuro que trataba de ignorar. Fluctuando como fantasmas a la pálida luzdel sol poniente, volvían a presentarse los fuegos fatuos del remordimiento, que me decían cada día que podía y debía haber actuado de un modo distinto. Pero yo soy lo que siempre he sido: una persona regida por los instintos. Y parece que nunca podré cambiar.
Hoy encontré una hebra de plata en mis cabellos, aviso de que pronto podría ser abuela, y me estremecí. ¿Qué clase de abuela sería?¿Qué clase de madre era? Bajo la suave luz del crepúsculo, esperé a que llegase Chris, se reuniese conmigo y me dijese, con sus ojos azules y veraces, que no me estoy marchitando; no soy simplemente una flor de papel, sino real.
Rodeó mis hombros con un brazo y yo apoyé la cabeza donde creí que se acomodaba mejor, conscientes ambos de que nuestra historia estaba a punto de terminar, y que Bart yJory nos darían a los dos lo mejor o lo peor de lo que está por venir.
Esta es la historia de ellos, la historia de Jory y de Bart y ellos la contarán tal como la vieron.



PRIMERA PARTE



JORY


Cuando papá no iba a buscarme al colegio para llevarme a casa, tomaba un autobús escolar amarillo que me dejaba en un lugar aislado donde recogía mi bicicleta, que había escondidoen un barranco próximo por la mañana antes de subir al autobús.
Para ir a mi casa tenía que pedalear a lo largo de una estrecha y sinuosa carretera que discurría por una zona en que no había casa alguna hasta que llegaba a la enorme y deshabitada mansión que siempre atraía mi mirada y hacía que me preguntase quién había vivido en ella y por qué la había abandonado. Cuando veía aquella casa,reducía automáticamente la velocidad, sabiendo que pronto estaría en la mía.
A media hectárea de aquel caserón se hallaba nuestro hogar, aislado y solitario, junto a una carretera con más vueltas y revueltas que la que, en los laberintos infantiles, tiene que seguir el ratón para alcanzar el queso. Vivíamos en Fairfax, en Marin County, a unos treinta y dos kilómetros al norte de SanFrancisco. Al otro lado de las montañas había un bosque de pinos gigantescos, y más allá estaba el mar. Era un lugar frío y en ocasiones lúgubre, especialmente cuando la niebla se extendía en grandes olas hinchadas, envolviendo a menudo el paisaje durante todo el día, convirtiéndolo en algo espectral. Sí, la niebla podía resultar fantasmagórica, pero también romántica y misteriosa.
Aunque mi casa megustaba mucho, me asaltaban vagos y turbadores recuerdos de un jardín meridional, lleno de colosales magnolios revestidos de musgo. Me acordaba de un hombre alto, cuyos cabellos negros empezaban a encanecer, un hombre que me llamaba hijo. No recordaba su cara con tanta claridad como la sensación de calor y seguridad que me infundía. Supongo que una de las cosas más tristes, cuando uno crece y sehace mayor, es que nadie es lo bastante grande y fuerte para levantarle a uno, sostenerle en brazos y hacer que se sienta de nuevo seguro.
Chris era el tercer marido de mi madre. Mi verdadero padre murió antes de que yo naciese; se llamaba Julián Marquet, y era conocido por todos los aficionados al ballet. En cambio, casi nadie fuera de Clairmont, en Carolina del Sur, había oído hablar del...
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