Swingers

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Antes de entrar a un bar swinger uno le teme a dos cosas: a no gustarle a nadie y a gustarle a alguien. En el primer caso corre uno el riesgo de regresar a casa con el ego aplastado. Pero por fortuna no se regresa sola. En el mundo swinger no se va sola a citas a ciegas y no se enfrenta sola la molestia de la mañana siguiente después de… Lo sabroso de la vida swinger es que uno pasa por ésascon el otro, en una suerte de destino compartido que resuelve parte de la angustia. “Por lo menos voy con alguien a quien le gusto”, me dije cancelando el tema. Pero entonces estaba el otro problema: qué pasaba si le gustaba, le gustábamos, a alguien. Nos imaginábamos que en cuanto entráramos todas las parejas se girarían a mirarnos, nos examinarían, y, luego, una morena sensual nos invitaría asu mesa o una pareja ardiente nos sacaría a bailar o recibiríamos insinuaciones abiertas a través de servilletas y miradas. Entonces, no sabríamos qué hacer. O sea, sí sabíamos: “nada que nos haga sentir incómodos o que genere celos al otro”, me había dicho el Andrés antes de salir de casa. Pero lo cierto es que ingresábamos a un mundo desconocido, nunca enfrentado y ninguno de los dos podíapredecir qué iba a resultar realmente incómodo, qué despertaría celos. Las parejas suelen ser lugares cómodos, despojados de novedad, provistos por lo general de deliciosas y aburridas certezas. Nuestra primera noche en un bar swinger nos arrojaba - juntos, por fortuna - a un terreno de total incertidumbre. Incertidumbre, ¡mierda!, incertidumbre. – Si algo no te gusta me decís, ¿no?, no vamos a jugarnosla relación por esto – le digo al Andrés en la puerta -. No vaya a ser que la aventurita nos salga cara… Él me sonríe con su sonrisa de nervios (se le tensan las mejillas, las comisuras de los labios se dirigen torpemente hacia los extremos de su cara). – No, no… Cómo se te ocurre. Y entramos.

Sabíamos del lugar por Internet, porque una pareja nos contó y porque ya habíamos pasado por ahítres veces sin decidirnos. Pero hoy no. Hoy era definitivo. $70.000 por pareja. “Tienen que mantener siempre los dos. Juntos. Si uno de los dos se emborracha deben irse ambos. Pueden entrar todo el licor que quieran. La discoteca funciona hasta las 12, después pueden bajar a la zona húmeda”. (¿Zona húmeda?) El hombre de la recepción es seco pero cordial. “Cuando puedan bajar a la zona húmeda se lesdarán toallas. Pueden desnudarse (¿desnudarse?) o usar ropa interior. Se les asigna un casillero para que guarden sus cosas y se les dan chanclas para que no anden descalzos, ¿Alguna pregunta?”. Tengo muchas, claro, pero no es cosa de hacerlas aquí, en la recepción, haciendo fila como quien espera a que le asignen un cuarto de motel. Reviso con disimulo a las parejas de atrás. Son tres. Adultas yserias. Señores que ve uno mercando los domingos con medias y pantalones cortos. Señoras. Más bonitas que sus maridos, como siempre. Nadie conocido, gracias a dios.

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y viejos, mucha clase media que se endeuda para pagar el carro, una que otra silicona y esposos con barriguita. Empiezo a sentirme cómoda. Fumo un cigarro, bebo un trago. Veo a las parejas bailar: me descubro desenvuelta,dispuesta a juguetear un poco. Liberada. Los miedos siempre me vienen vestidos de gigantes. Ya en situación se minimizan, se hacen chiquitos, puedo atajarlos en la mano y enviarlos a la papelera de reciclaje. Bien por mí. Anuncian el striptease. Sexo en vivo. No me entusiasma mucho. Los striptease masculinos fueron hechos para hombres gays, no para mujeres. No conozco la primera que se emocioneviendo un tipo en seda dental… Si salieran bien vestidos y te miraran a los ojos y se desnudaran sin tanto aspaviento de caderas, tal vez… Por fortuna sale primero la chica. Una trigueña diminuta y perfecta que se contonea sobre las piernas de hombres y mujeres. Muy pocos la tocan, pero la gente corea y bromea como en las despedidas de solteros. Lentamente se acerca hacia nosotros. Andrés baja la...
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