Tempestad de la cordillera (resumen)

TEMPESTAD EN LA CORDILLERA
-¡Mamani Poma Juaaan! -gritó el pagador con voz cansada.
-¡Mamani Pomaaaa! ¡Mamaniiii! -repitieron varias voces ásperas entre el grupo de mineros que esperaban su pago quincenal, parados frente a las ventanillas de unas casuchas achatadas, con paredes de barro y techo de calamina. Era la administración de la mina wólfram "Kami". El eterno frío de la cordillera de losandes, implacable enemigo de esta especie de gusanos envueltos en harapos y cubiertos de tierra oscura, parecía morder con más ferocidad que otras veces.
-¡Mamaniiiii! -gritó de nuevo el pagador y la última sílaba se adelgazó como un hilo. Los obreros se rieron ante el tono de irritación histérica del grito.
-¿Qué es de ese animal? -agregó apresuradamente el hombre de la ventanilla conentonación compuesta y casi varonil.
Juan Mamani Poma, apoyado contra un cote de la roca que hacía de plazoleta frente a la administración, parecía un sonámbulo.
-¿Mana huyarinqui? -T'es tan gritando tu nombre. ¿Jokharachu kanki? -exclamó una palliri, apoyada también contra la roca y, acompañando la acción a las palabras, dio un empellón al hombre.
-¡Fermee! -respondió al fin Mamani Poma, como gritabaen el cuartel al escuchar su nombre en la lista. Los puntapiés de su teniente no alcanzaron a corregir la pronunciación del mestizo quechua obligado a usar el castellano.
-Apúrate animal. ¿Hasta cuándo voy a estar aquí? Seguro que ya estás borracho -y mientras hablaba de tú a Ud. al obrero, el pagador y su ayudante tarjaban diligentemente el nombre de Mamani Poma en seis ejemplares de la planillade pagos. Después, el pagador tomó el sobre que estaba encima de una pila de otros absolutamente iguales, comprobó su contenido quizá por centésima vez con la prolijidad proficua de todo jugador y, a tiempo de dárselo a Mamani Poma, le dijo con tono más conciliador.
-Doscientos treinta pesos con veinticinco centavos de saldo. Te hemos descontado la mitad. Esta quincena has faltado casi ocho díasy has sacado una barbaridad de la pulpería. Va a tener que trabajar siquiera seis meses sin emborracharte para ponerte al día. La pulpería ha ordenado que se te descuente la mitad de tu jornal desde esta quincena.
-¿Y cómo voy a vivir? No quieren darme más avío en la pulpería y ahora me descuentan…
-¿Yo no sé. ¿Para qué te emborrachas como una bestia y tiras tu plata? Friégate pues…
Ante elinsulto. Mamani Poma reaccionó violentamente:
-Mentira, no me emborracho…
Después agregó con tono adolorido:
-Es que mi mujer, la María se ha muerto. Por eso he sacado de la pulpería… para su entierro y también he faltado por eso.
-Bueno, yo no sé. Pero tienes que pagar tu deuda a la pulpería.
Como Mamani Poma permanecía inmóvil, el pagador lo increpó:
-¿Qué esperas? Me estás haciendo perder mitiempo. Los otros también quieren cobrar.
La gente del grupo comenzaba a inquietarse. Pronto sería de noche. Las enormes sombras de las montañas proyectándose cada vez más largas, parecían intensificar el frío. El sol, al ponerse, iluminaba únicamente el contrafuerte opuesto al de la mina.
Mamani Poma se retiró de la ventanilla y fue alejándose pesadamente del grupo de mineros y palliris,mirando alternativamente las caras de la gente y el sobre que tenía en la mano. Sintió vagamente que las casuchas chatas y los obreros harapientos, envueltos en la sombra creciente, no eran sino excrecencias de la roca gigante con la que parecían formar un todo solitario e inmóvil.
Levantó la vista del piso desigual y vio el intenso brillo del sol en el cerro del frente. Una mancha verde, un pequeñosembradío de cebada sin duda, ponía la única nota viviente y alegre de ese paisaje desolado de las altas cumbres. Sin mover un músculo de su cara se alegró interiormente al notar, quizá por primera vez, el sembradío de cebada que se agitaba con el viento de la altura.
Se acordó del valle en el que había crecido: maizales enormes, con plantas más elevadas que la misma gente, casitas de barro...
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