Test de psicosis

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Edad Media





No necesito amigos que cambien cuando yo cambio
y asientan cuando yo asiento. Mi sombra lo hace mucho mejor.

Plutarco

A mis amigos, los que cuento con los dedos de mi mano izquierda.







1
Mientras el resto del mundo seguía girando, yo estaba sentada en el rincón más lejano, en cuclillas, con las rodillas pegadas al pecho, los ojos cerrados y las manoshechas puño. Mientras Martín y Jorge se iban a poguear al No-Helden, publicaban fanzines y se insultaban por ser de bandos opuestos, yo me encontraba escondida en el ángulo más alejado del salón, garabateando mi cuaderno popular, llenándolo de versos y dibujos fantasmales y –si estaba peor que nunca- absolutamente nada. No, no eran buenos tiempos. Creíamos que el mundo se iba a la mierda encualquier momento y cada cual se despedía como mejor podía. Martín dibujaba la más moderna alucinación de las litografías de Sechín (yo estaba segura que jamás en su vida las había visto) y con lápiz negro se delineaba los ojos los viernes por la noche, mientras el hacinamiento de su casa lo volvía loco, The Ramones no parecía bastarle y me miraba totalmente inconcluso desde su carpeta. Jorge pegabaafiches en su techo, sobre su cama, tocaba su guitarra vieja uniéndola con cables a su equipo de sonido y se iba a la peluquería, rabioso, porque su padre no le permitía tener el cabello largo: “o eso o la universidad... déjate de mariconadas”. Y ésta nos interesaba. Era una especie de Fuerte, un refugio. Aunque no asistiéramos a clases; no pasáramos de primer ciclo por un par de años o noterminásemos nunca. No éramos lo suficientemente idiotas como para dejarnos expulsar: vivíamos pendientes de un hilo, cada semestre, para luego pasar los veranos como animales enjaulados por Lima, gran cárcel.

Nos habíamos encontrado una mañana, soñolientos entre los modelos, el carboncillo y el papel de dibujo. Alguno había demostrado algo más de sociabilidad y el resto se había rendido. Yo no hacíamás que gruñir mientras Jorge me miraba de reojo resolver problemas de espacio - tiempo, con borrador en mano, sobre un dibujo sin terminar. Martín pateaba de tanto en tanto su propio caballete y solía mostrar los dientes sin sonrisa a cualquiera que tropezase con él. Recuerdo nebulosamente sus discursos anarquistas sobre su mesa de dibujo, mientras rellenaba de calaveras punks las hojas denuestros cuadernos. Casi tengo difuminada en la mente la mirada aburrida de Jorge, mientras escuchaba el hipócrita discurso de los catedráticos sobre el acto creativo, sobre sus disyuntivas huachafas entre nuestroarte y loqueelrestohace, entre los “do” y “don´t”, sus camisas a cuadros y sus pantalones reviejos, con manchas del almuerzo del domingo anterior. No me recuerdo a mí misma entrando a clase,ebria, dispuesta a quedarme dormida en el primer asiento, apestando trago, esperando a que el mundo deje de dar vueltas... y yo también. No recuerdo mucho de mis cabellos parados, mis zapatos con hueco, ni mi ropa puesta al revés. No recuerdo mis propias ideas, siquiera.

Yo estaba muerta. Bien muerta. Me levantaba, me lavaba los dientes, me ponía cualquier cosa y partía con mi bolso viejo, alFuerte. Llegaba especialmente temprano a sentarme para mirar las vigas del techo, observar a pituquilandia actuar en una vida irreal y, en el colmo de la contradicción, escribir poesía. De vez en cuando, alguien me dirigía la palabra para pedirme permiso para pasar, prestarle mi borrador o preguntarme la hora. Si la clase me llegaba, terminaba haciendo cola frente a la biblioteca central,esperando el turno de la entrada, revisando mis fichas investigadas con anterioridad sobre libros que tenían poquísima demanda. A veces me sentaba con un gran atado de revistas Art in América - otra América, no la nuestra- y mientras miraba sin ver, me preguntaba si valdría la pena todo el asunto de levantarse en la mañana día tras día y si no tenía razón Martín al decir que un buen punk se mata...
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