Texto el sentido del trabajo

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El sentido del trabajo
Victoria Camps

¿D
e dónde sale la idea de que el trabajo es la fuente de la identidad y de la autorrealización humanas? La tradición judeocristiana, de la que venimos, lo consideraba como un castigo divino: Adán y Eva son expulsados del paraíso terrenal y condenados a trabajar y sufrir para ganarse el pan. Los primeros filósofos estaban lejos de poder pensar que eltrabajo fuera un tema de reflexión filosófica digno. Se lo impedía la división de la sociedad en la que vivían en dos grandes clases: la de los siervos que trabajaban para atender a las necesidades de la vida, y la de los libres a quienes estaba permitido dedicarse a actividades más gratificantes, como la política o la filosofía. Es la industrialización la que introduce el trabajo asalariado, el cualya no es una forma de atender a las necesidades más inmediatas, sino de entrar a formar parte de un proceso anónimo de producción de cosas. Este proceso convierte al individuo en simple pieza de un engranaje, le despoja del poder y de la voluntad para intervenir en el proceso productivo. El trabajador es parte de una organización regulada desde fuera, sin sentido para él. El trabajo no vale enabsoluto por sí mismo: vale sólo el salario que se obtiene a cambio. Es alienante e inhumano: los trabajadores dejan de pertenecerse a sí mismos porque se ven forzados a venderse para subsistir. Cierto que esa actividad productiva creciente, aunque extraña a la vida misma, crea posibilidades de consumo, el cual produce a su vez una cierta satisfacción y alivio. Pero no puede decirse que, si eltrabajo asalariado no es liberador, lo es en cambio el consumo que aquél posibilita, puesto que sabemos que el consumo no sólo satisface necesidades existentes, sino que es una fuente imparable de creación de necesidades nuevas. El individuo se vuelve insaciable, pierde la noción de la medida, no consigue comprar todo lo que se le ofrece, con lo que sólo añade frustraciones a su libertad.

Todo estofue ya analizado y denunciado por Marx, quien pensó que el fin de las alienaciones por el trabajo no sólo era posible, sino que estaba implícito en el curso de la historia y en las propias contradicciones del sistema económico, las cuales iban a conseguir que el «trabajo abstracto», sujeto a una racionalidad capitalista, pero irracional desde el punto de vista de lo humano, evolucionara —nopacíficamente, por cierto— hacia una sociedad totalmente cooperante donde la división en clases sería sustituida por la «unión voluntaria» de los trabajadores. Ahora sabemos que ese voluntarismo histórico predicho por Marx, además de inimaginable, era inviable y sólo ha conseguido retrocesos tanto en el desarrollo económico como en el humano. No sólo el individuo que ha pasado por la experiencia delsocialismo real no ha llegado nunca a la identificación con la totalidad preconizada por la teoría —«mito de la autoidentidad» lo llamó hace anos Kolakowski—, sino que a ese individuo le suena mucho más raro que a sus coetáneos, habitantes de sociedades con larga tradición capitalista, el que el trabajo pueda tener eso que llamamos «sentido». Y, sin embargo, es fundamental que el trabajador crea en loque hace. Es fundamental para el crecimiento de un país y para la autosatisfacción de la persona que algo tan central para su vida signifique algo más que una condena.

No es que la economía liberal capitalista haya conseguido dotar al trabajo de ese sentido tan necesario. Al contrario, Marx no se equivocaba al detectar la profunda insatisfacción de unos hombres forzados a obedecer a un procesosin otra motivación o interés para ellos que el de la exigua retribución recibida a cambio. Y Max Weber, que quiso dar una explicación diferente al triunfo del capitalismo, tuvo que buscarla en las ideas religiosas: fue la ética protestante la que fomentó el espíritu austero y ahorrador que exigía el desarrollo capitalista. Acertada o no, la explicación de Weber era necesaria. Había que...
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