Tratado de lisboa y el banco central europeo

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  • Publicado : 22 de junio de 2010
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El Tratado de Lisboa en vez de resolver los problemas de la Unión Europea (UE) ha aumentado la confusión institucional reinante. A la actual Comisión Administrativa se le ha añadido un Presidente insignificante y una Alta Representante sin carisma, de una manera apurada y bajo la apariencia de una ampliación apresurada. Y a pesar de todo esto, la Unión Europea todavía no tiene una política común,sea en el ámbito financiero o en lo que respecta a una política coherente de relaciones internacionales. Constatamos que la UE es una estructura pesada y hueca. La Unión Europea en ese sentido está moribunda de su propia muerte, observa el diplomático francés Pierre Charasse. El Tratado de Lisboa que acaba de entrar en vigor entre los 27 países de la Unión Europea (UE) es el punto culminante demedio siglo de construcción europea, finalmente aprobado después del rechazo de los ciudadanos franceses e irlandeses de la mal llamada "Constitución Europea". El Parlamento Europeo ratificó el 9 de febrero los nuevos miembros de la Comisión Europea como lo prevé el tratado. Desgraciadamente, el resultado de este largo y penoso proceso de construcción institucional cristaliza una situación deingobernabilidad y una fuerte pérdida de influencia de Europa en el mundo. Vale la pena recordar cómo llegamos a esta situación. Mientras se construía el Mercado Común Europeo con seis países, luego con nueve, 12, 15, la cuestión de fondo de las instituciones y de la naturaleza jurídica supranacional o no de esta asociación de países, fue siempre renviada a más tarde. El asunto se complicó con elingreso de 10 nuevos miembros. En este contexto había que dar a la UE instituciones claras, eficaces y democráticas al lado o encima de 27 gobiernos con intereses diferentes. ¡La cuadratura del círculo! Después de años de arduas negociaciones nació el Tratado de Lisboa, con el cual la UE iba tener por fin un presidente del Consejo Europeo estable por dos años y medio, un ministro de RelacionesExteriores, a la vez vicepresidente de la Comisión Europea, y un Parlamento con más poderes. ¡Loable intención! Pero los jefes de Estado escogieron a un desconocido, sin legitimidad democrática ni peso político, el belga Herman van Rompuy. Mientras, las presidencias semestrales continúan como antes y el presidente de turno en este semestre, el español José Luis Rodríguez Zapatero, no está dispuesto adejar el primer rol a un funcionario de Bruselas sin carisma, ni al presidente de la Comisión Europea, Manuel Barroso. Situación francamente vodevilesca, a tal punto que el presidente Obama no acudirá a la cumbre bianual UE-Estados Unidos en Madrid, por no tener un “alter ego” de su estatura, además de considerar que no hay mucho que conversar con los europeos. Una bofetada para Europa.
Paralelamentea la laboriosa institucionalización de la UE, el ingreso de los nuevos miembros de Europa central y oriental cambió profundamente la relación de fuerzas internas. En toda Europa, en la última década los procesos electorales favorecieron a la derecha, la izquierda entró en crisis y en lugar de oponerse al modelo neoliberal lo aceptó en nombre de la "modernidad". De tal manera que los políticos detodos colores lanzaron ofensivas contra el papel regulador del Estado (en nombre de "una libre competencia sin distorsiones" prevista en un anexo al tratado) y dejaron a los tecnócratas desmantelar paulatinamente lo que hacía la fuerza y la ejemplaridad de modelo europeo, es decir, un mercado regulado por estados protectores de los ciudadanos. Ahora la carga va contra los sistemas de pensión porrepartición, acusados de aumentar escandalosamente el déficit público. Los gobiernos pretenden que el "viejo" sistema de solidaridad intergeneracional es insostenible (pero es fácil demostrar lo contrario), y con la ayuda de los ideólogos fundamentalistas de la OCDE impulsan nuevamente los fondos de pensión, como si la crisis financiera de 2008-2009 no hubiera afectado a millones de pequeños...
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