Tres

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  • Publicado : 31 de marzo de 2011
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El Gran Gatsby

De improviso, Daysi afirmó el brazo en el suyo, pero él parecía hallarse absorto en otro rincón de sus pensamientos. La distancia que lo había separado de Daysi se acortaba y la luzparecía ahora estar más cerca de ella, casi tocándola. Parecía tan cercana como una estrella de la luna. A lo lejos, en el puerto brillaba una luz verde.

Me paseé por la habitación examinando losobjetos y me atrajeron varias fotografias en la semioscuridad. Sobre el escritorio había una foto de Gatsby cuando tenía dieciocho años y mirada desafiante.
- Me encanta – exclamó Daysi mirándolafijamente.
Se encontraban de pie uno frente al otro

La lluvia caía pero las nubes se habían abierto al oeste y una oleada de color rosado brillaba sobre el mar.
Traté de irme, pero ellos no lodeseaban, tal vez mi presencia los hacía sentirse más agradablemente solos.

Gatsby llamó a su criado Swing Klipspringer para que tocara el piano.
En la sala de música, Gatsby prendió la lámparasolitaria. Encendió el cigarrillo de Daysi con un fósforo tembloroso y se sentó junto a ella en un sofá alejado de la habitación; no había otra luz que la del piso reluciente que reflejaba el vestíbulo.Cuando Klipspringer tocó “Nido de Amor” volvió la vista y buscó a Gatsby en la penumbra.
Gatsby ordenó “¡Toca!”

Afuera el viento sonaba con fuerza y se oía un ligero tronar a lo largo del estrecho.Ahora todas las luces venían del este; los trenes eléctricos llenos de gente, se arrastraban vuelta a casa a Nueva York. Era la hora de un profundo cambio humano y la ansiedad flotaba en el aire.Cuando me acerqué para despedirme, advertí que había vuelto al rostro de Gatsby aquella expresión de extravío, como si una débil duda se le hubiera presentado con respecto a su felicidad presente. ¿Casicinco años! Debe de haber habido momentos, aún en esa tarde en los que Daysi le resultaría pequeña en relación a sus sueños y no por su culpa sino por la enorme vitalidad de su ilusión. Había...
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