Un actor se prepara

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UN ACTOR SE PREPARA
Fragmento tomado del libro de Constantin Stanislavski
CAPITULO 3
 Acción  
¡Vaya un día! Tuvimos hoy nuestra primera lección con el Director.
Nos reunimos en la escuela, en un teatro, aunque pequeño, perfectamente acondicionado. Tortsov llegó, nos miró a todos observándonos atentamente, y dijo:
—María, haga el favor de subir a escena.
La pobre muchachaestaba aterrada. Me hizo pensar en un cachorro asustado, por la manera como corrió queriendo esconderse. La alcanzamos, y la llevamos donde Tortsov, que reía como un chico. Ella se cubría la cara con las manos repitiendo todas sus exclamaciones favoritas: “Oh, por favor, no puedo” “¡No, por favor, tengo miedo!”
—Cálmese usted —dijo él mirándola fijamente a los ojos—. Vamos a hacer una obrita. Heaquí su argumento: —Tortsov parecía no tener en cuenta la agitación de la muchacha—. El telón se levanta, y usted está sentada en escena, sola. Permanece sentada, sentada nada más. . . Luego, el telón baja otra vez. Eso es toda la obra. Nada más sencillo puede imaginarse, ¿no le parece?
Maria no contestó; así que él la tomó del brazo y sin decir una palabra más la condujo hasta el escenario,mientras todos los demás reíamos. El Director se volvió, y dijo tranquilamente:
—Amigos míos: están ustedes en un salón de clase. María va a pasar por uno de los más importantes momentos de su vida artística. Traten de aprender cuándo deben reírse ustedes, y de qué reírse.
La llevó hasta en medio de la escena. Nosotros estábamos ya en silencio, y esperando a que el telón se alzara.Lentamente, se levantó. María estaba sentada en mitad del escenario, cerca del proscenio, y de frente, cubriendo todavía su cara con las manos. Se hacía sentir un gran silencio, una atmósfera de solemnidad. Ella se dio cuenta de que algo debía suceder, de que algo debía hacerse.
Primero separó una mano de frente a su cara, luego la otra, y al mismo tiempo agachaba la cabeza, tanto, que no podíamos verlenada más que la punta de la nariz. Otra pausa. Era penoso, pero el Director aguardaba, resuelto, en silencio. Percibiendo la creciente tensión, María miró, al fin, hacia la sala, pero se volvió de inmediato. No sabiendo dónde mirar ni qué hacer, comenzó a cambiar de posición, sentándose de un modo, luego de otro, adoptando torpes o descuidadas aptitudes, recargándose en el asiento hacia atrás,enderezándose, inclinándose; jalando con dificultad sus cortas faldas, mirando fijamente un punto en el piso...
Durante largo tiempo, el Director permaneció inexorable, pero al fin dio la señal: el telón descendió. Me precipité hacia él: quería que me dejara probar el mismo ejercicio.
Quedé colocado en el centro del escenario, también. No era una función real, formal; sin embargo, me sentílleno de contradictorios impulsos. Estando así, en escena, estaba en exhibición; no obstante que una actitud o un sentimiento íntimo, demandan soledad. Y así era. Una parte de mí mismo tendía a entretener a los espectadores a fin de que no llegaran a aburrirse; otra parte me decía que debía desentenderme de ellos. Mis piernas, los brazos, la cabeza, el torso, no obstante que seguían mis dictados,parecían añadir de por sí algo superfluo. Sé mueve un brazo o una pierna sencillamente, y de repente ya se ha vuelto uno, torciéndose, y parece que estuviera posando para una fotografía.
¡Extraño! Había estado en escena antes una sola vez, pero había sido para mí muchísimo más fácil sentarme, estar en ella afectadamente, que ahora que lo hacía sencillamente. No podía siquiera pensar en qué eralo que debía hacer. Después, los demás me dijeron cómo había yo parecido sucesivamente estúpido, gracioso, confundido, culpable. El Director solamente esperaba... Luego, probó el mismo ejercicio con otros.
—Ahora —dijo— sigamos adelante. Más tarde volveremos a estos ejercicios, y aprenderán cómo sentarse en la escena.
—¿Pero no es eso lo que hemos estado haciendo? —preguntamos.
—¡Oh,...
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