Varios

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  • Publicado : 2 de junio de 2011
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Lo primero que tengo que decir es que yo soy detective ni policía. Tampoco me interesa andar resolviendo entuertos; que cada cual cargue con su cruz. Ni siquiera soy simpático –aunque, en el fondo,lo digo de pura modestia porque sí sé que lo soy- y mucho menos la gente me cotiza por el dinero que tengo. Sólo sé que tengo un radar muy fino para meterme en problemas y las situaciones extrañas yanómalas no me son para nada desconocidas. Trato de imitar a Sam Spade, Marlowe –del que ni sé siquiera como se pronuncia- o, por último Heredia, pero no tengo nada en común con ellos. Sólo, tal vez, elcuestionable gusto de vivir en lugares decrépitos, rodeado de personajes extraños y que, de vez en cuando, rompen la monotonía del funcionario de oficina que deja sus mejores años detrás de unescritorio, de nueve a siete.
Por esos tiempos vivía en una “comunidad” –claramente es un eufemismo para designar una miserable casa que en tiempos idos había sido habitable, pero que ahora, había queafirmarla para que no se cayera- y mis vecinos, todos sin excepción, claramente no eran normales. J, el dueño de casa, tenía todo para ser el próximo sicópata next big thing, de aquél que todos hablan ytemen. Vivía en una casa que ya se caía sola de desvencijada, pero con pinturas de Pacheco Altamirano, porcelana de Limoges para tomar once y reloj Patek Phillipe. Un tipo raro. Mi novia –no van a creerque soy un solitario como Clint Eastwood, lacónico y cool. No, eso no existe. Cuando estás solo eres una plasta que usa chalecos con cuello apretado y pantalones con pinzas- siempre me advirtió sobreeste tipo. Tampoco me mataba su compañía, a veces hablábamos de libros y me contaba sus andanzas literarias. Su gusto artístico era discutible, típico de esos tipos que leen sólo los libros de susamigos. En fin, a este tipo le depositaba todos los meses el arriendo.
A lado de mi casa, en el B, vivía un señor del que nunca supe ni el nombre. En el año que viví allí, habré hablado con él un...
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