Viaje por la antigua abisinya

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  • Publicado : 25 de diciembre de 2010
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Yo tenia desde hacia tiempo deseos de conocer Etiopía y encontrar desde mi perspectiva de estudioso de la historia, rastros de las Orden del Templo de Jerusalén en este País. Así, el viaje que organizamos unos cuantos amigos, me vino al pelo. Fueron once días llenos de novedades y experiencias, en una tierra diferente, en cuya capital conviven los lujosos hoteles como el Hilton o el Sheraton, conla más alta cantidad de pobreza y miseria que hay en el mundo. Un País, en que la devota y sumisa religiosidad de sus habitantes, ortodoxos en su mayoría, contribuye a hacer posible la permanencia de las estructuras injustas, causa de su pobreza. Me parecieron los etíopes una buena raza, bella, de figura alta y delgada propios del único país de África que nunca ha sido colonizado. Me cautivaronsus atenciones y servicialidad, con excepción de la etnia tigrí, más adustos y que puebla la zona de Aksum, Fue una experiencia volar por el interior en avioneta de 15 plazas, por anulación del vuelo regular; el retraso del equipaje de todos, durante dos días que nos obligó a vivir con lo puesto. Me pareció mito, la creencia del clero y el pueblo etiope, de poseer la verdadera Arca de la Alianza,de la que solo pudimos ver el templo (en Santa Maria de Sión, en Aksum ), Me gustaron mucho los monasterios en plena floresta de las orillas del Lago Tana, cuajados de pinturas de los siglos XIV al XVII, con un arte ingenuo y policromo con escenas diversas del antiguo, nuevo testamento y de los apócrifos. El viaje en motora con el grupo por el Lago Tana, en un día soleado, como casi todos los queallí estuvimos; cruzándonos con los cayucos de sus pescadores, hechos de papiros. Me extrañó, tenerme que descalzar para poder entrar en cualquier iglesia o monasterio y me impresionó la oración, que desde mi cama oía a las 5 de la mañana del pope, en voz alta, desde la iglesia cercana, así como las inclinaciones que hacen las personas ante las puertas de las iglesias y el velo que cubre la cabezade muchas de sus mujeres, los entierros concurridos de una enorme muchedumbre, vestida toda ella de blanco. Todo esto me hizo pensar que este cristianismo tiene un parecido externo con el Islam. Fue sorpresivo, el vistoso y chillón colorido de las vestimentas de sus popes, sus policromos paraguas abiertos, más de folklóricos que para resguardarse del sol, sus grandes cruces ceremoniales, de oropuro, que coronan su báculo o bastón; una diferente por cada iglesia. Así como el uso de gafas, innecesarias para ver y si para impresionar y darse un aire especial frente a los curiosos visitantes. Admiré la construcción de sus monasterios, realizados de excremento de vaca, barro y paja que por un milagro de la química vulgar, forman sólidas paredes que han resistido el paso de varios siglos; contechos altos redondeados de madera y bambú, suelos totalmente cubiertos por esteras y alfombras para recibir los pies desnudos de los fieles. Admiré en el soberbio paisaje del nacimiento del Nilo Azul sus cataratas. No extrañé la comida en los hoteles, casi siempre con primero de sopa o lentejas y segundo de carne de vaca o pescado de sus lagos, salsas y picantes. Recuerdo la comida nacional, unaespecie de pañuelo o royo comestible llamado inyera. Ellos parten un pedazo con su mano derecha y pinzan con el trozo la comida situada en un mantel de la misma inyera, en el que hay salsas diversas de tomate, picantes, requesón, carnes troceadas, alguna costilla, arroz y más alimentos que no conocía. El vino tinto embotellado de Godha, barato y de buena calidad, que ellos no beben y sustituyen ensus celebraciones, por bebida obtenida de una mezcla fermentada de lúpulo y cebada con hidromiel, que me supo muy buena y que alcanza los 20 grados de alcohol. Excitaron mi curiosidad los castillos que pueblan las estribaciones rocosas de Gondar, ciudad del Imperio Abisinio en los siglos XVII y XVIII, semejantes a los europeos. Pero tengo que detenerme en Lalibela. Es algo grandioso, único, que...
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