Alicia en el pais de las maravillas

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Mi esclavo lamepiés

Sonó el teléfono, al otro lado se oía una voz temblorosa, presa de un
gran nerviosismo.
-Mi Ama!, soy José, el esclavo de tus divinos pies...
-Hoy estas de suerte, esclavo, le respondí sonriendo, casualmente he
tenido un día ajetreado y no he parado de caminar, así que pienso que no
les ira nada mal a mis pies un buen masaje, y de paso podrás sacarle
brillo a miszapatos que de tanto andar se han ensuciado, incluyendo el
interior, que sabes que me gusta que lo limpies perfectamente con tu
lengua.
Conocía muy bien a mi esclavo y sabía el efecto hipnotizante que tenían
sobre él mis palabras y mi voz; me lo podía imaginar sonrojado y
sudoroso con la mirada ansiosa y entregado totalmente. En ese instante
todo su universo giraba rendido alrededor de mispies. Me quité los
zapatos y los miré, realmente eran preciosos, José era un hombre
afortunado, concluí mentalmente.

El esclavo estaba en una cabina pública y casi no poda contener su
excitación, el pene erecto palpitaba atrapado por la presión de la ropa
interior y el pantalón. Tendrá el privilegio de ser el primer esclavo de
día en adorar a su Ama, lamer sus cansados pies, olerlos,besarlos...
Dios que maravilla!.
El timbre de la calle sonó insistentemente...
-Sube esclavo!, le ordené, tienes mi permiso. Al momento abrí la puerta
de mi establo.
Yo, como es habitual, llevaba puesta una larga túnica y calzaba
sandalias de charol negro con una tira cruzando el empeine, lo que
dejaba al descubierto mis deditos y el resto del pie.
José entró, era bastante alto, tirando a obeso,vestía traje de chaqueta
gris claro, algo arrugado, y en general tenía un aspecto corriente y
casi triste, sin embargo venía cargado de paquetes envueltos en papeles
de vistosos colores y bolsas de tiendas de moda de renombre.
En cuanto traspasó el umbral de mi establo dejó los paquetes y cayó al
suelo de rodillas. Inmediatamente se arrastró hasta mis pies y los besó
con veneración, yosonreía satisfecha y quité lentamente un pie de la
sandalia para que pudiera adorar mi planta. Al rato lo introduje en mi
habitación especial y me senté en mi trono mientras él, a cuatro patas,
me rodeaba de bolsas relucientes que contendían elegantes regalos.
-Vamos a ver, esclavo, qué presentes traes a tu dueña?, le pregunté.
José, con la sonrisa de oreja a oreja y seguro de complacerme, meentregó una cajita de cartón rojo que sacó de su envoltorio de celofán.
La abrí disimulando la excitación casi infantil que sentía. Me encantan
los regalos!, lentamente extraje un par de medias de seda negras con
costura lateral; son preciosas, mágicas, hay pocas cosas tan bellas y
atractivas en su sencillez.
Me descalzo y extiendo mi pierna desnuda entregándole una de las medias,
él con lamaestría de un experto la enrolla lentamente poniéndola en mi
pie, encajándola perfectamente, luego con delicadeza la va desenrollando
mientras sus hábiles dedos la adaptan al contorno de mi pierna milímetro
a milímetro. El efecto que produce en un fetichista, unos pies y unas
piernas enfundadas en medias oscuras, casi transparentes, es mágico.
Ensimismado en su visión no acierta en comoiniciar el ritual de
adoración. A José, sin embargo, lo tengo bien instruido, lo primero que
hizo fue acercar su cara a pocos milímetros de la planta de mi pie y
extasiarse observando el objeto de su deseo preso en seda, luego pegó su
nariz embriagándose con el olor a sudor y cuero que le era tan familiar
y que él describa como una mezcla de sensaciones cálidas y sabores
agridulces.Suavemente quité el pie de su cara, invitándole a que siguiera
sorprendiéndome con sus regalos.
A continuación me entregó un paquete que llevaba el nombre de una
exclusiva cadena de zapateras. Efectivamente al rasgar el papel dejó al
descubierto una caja forrada en piel y de su interior sacó un par de
coquetos zapatitos de tacón alto, eran rojos con un lacito en la punta
que les daba un toque de...
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