Carta apostolica

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CARTA APOSTÓLICA
DEL PAPA
JUAN PABLO II
A LOS JÓVENES Y A LAS JÓVENES
DEL MUNDO
CON OCASIÓN
DEL AÑO INTERNACIONAL
DE LA JUVENTUD
 
Si el hombre es el camino fundamental y cotidiano de la Iglesia, entonces se comprende bien por qué la Iglesia atribuye una especial importancia al período de la juventud como una etapa clave de la vida de cada hombre. Vosotros, jóvenes, encarnáis esajuventud. Vosotros sois la juventud de las naciones y de la sociedad, la juventud de cada familia y de toda la humanidad. Vosotros sois también la juventud de la Iglesia. Todos miramos hacia vosotros, porque todos nosotros en cierto sentido volvemos a ser jóvenes constantemente gracias a vosotros. Por eso, vuestra juventud no es sólo algo vuestro, algo personal o de una generación, sino algo quepertenece al conjunto de ese espacio que cada hombre recorre en el itinerario de su vida, y es a la vez un bien especial de todos. Un bien de la humanidad misma.
En vosotros está la esperanza, porque pertenecéis al futuro, y el futuro os pertenece. En efecto, la esperanza está siempre unida al futuro, es la espera de los «bienes futuros». Como virtud cristiana ella está unida a la espera de aquellosbienes eternos que Dios ha prometido al hombre en Jesucristo. Y contemporáneamente esta esperanza, en cuanto virtud cristiana y humana a la vez, es la espera de los bienes que el hombre se construirá utilizando los talentos que le ha dado la Providencia.
En este sentido a vosotros, jóvenes, os pertenece el futuro, como una vez perteneció a las generaciones de los adultos y precisamente también conellos se ha convertido en actualidad. De esa actualidad, de su forma múltiple y de su perfil son responsables ante todo los adultos. A vosotros os corresponde la responsabilidad de lo que un día se convertirá en actualidad junto con vosotros y que ahora es todavía futuro.
Cuando decimos que a vosotros os corresponde el futuro, pensamos en categorías humanas transitorias, en cuando el hombre estásiempre de paso hacia el futuro. Cuando decimos que de vosotros depende el futuro, pensamos en categorías éticas, según las exigencias de la responsabilidad moral que nos impone atribuir al hombre como persona –y a las comunidades y sociedades compuestas por personas- el valor fundamental de los actos, de los propósitos, de las iniciativas y de la las intenciones humanas.
Esta dimensión es tambiénla dimensión propia de la esperanza cristiana y humana. En esta dimensión, el primer y fundamental voto que la Iglesia, a través de mí, formula para vosotros, jóvenes, en este Año dedicado a la Juventud es que estéis «siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere».
 

Cristo habla con los jóvenes
2. Estas palabras, escritas un día por el apóstol Pedro a laprimera generación cristiana, están en relación con todo el Evangelio de Jesucristo. Non daremos cuenta de esta relación de modo más claro, cuando reflexionemos sobre el coloquio de Cristo con el joven referido por los evangelistas. Entre muchos otros textos bíblicos es éste el primero que debe ser recordado aquí.
A la pregunta: «Maestro bueno, ¿qué he de hacer para alcanzar la vida eterna?», Jesúsresponde con esta pregunta: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios». Y añade: «Ya sabes los mandamientos: No matarás, no adulterarás, no robarás, no levantarás falso testimonio, no defraudarás, honra a tu padre y a tu madre». Con estas palabras Jesús recuerda a su interlocutor alguno de los mandamientos del Decálogo.
Pero la conversación no termina ahí. En efecto, el jovenafirma: «Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud». Entonces –escribe el evangelista– «Jesús, poniendo en él los ojos, le amó y le dijo: Una sola cosa te falta: vete, vende cuanto tienes y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; luego ven y sígueme».
En este momento cambia el clima del encuentro. El evangelista escribe del joven que «se anubló su semblante y se fue triste,...
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