Cuento el desascensor

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EL DESASCENSOR
(Elsa Isabel Bornemann)
Atardecía. Benkis concluyó sus tareas escolares con un suspiro de alivio. Por fin había llegado el momento que tanto le gustaba: salir a dar una vuelta con sus perros, tal como solía hacerlo de lunes a viernes. Los fines de semana los pasaba en la casa del “country – club” (club de campo) del que eran socios los padres del muchacho. Y allí síque los animalitos retozaban a su antojo, sueltos en el parque que rodeaba la vivienda. Por el contrario, para salir del piso diecinueve que hacía poco habían estrenado y que compartía con la familia de Benkis, debían resignarse a hacerlo atados. Cada cual con su petral y su correa al cuello, de las que colgaban las medallitas con sus nombres grabados (Tin y Tony, respectivamente) más el númerode teléfono de su domicilio, por las dudas tuvieran la mala suerte de extraviarse en la plaza. De todos modos eso improbable que eso ocurriera. Benkis no los soltaba. ¡Corría a la par de sus mascotas, casi con la lengua afuera también él! Cuando regresaba era cerca de la hora de la cena. Por lo general, la mamá y las hermanas mayores del chico ya estaban en la casa y – rato después – arribaba elpapá.
Diariamente, las jovencitas asistían a la universidad y los padres cumplían con una jornada más de trabajo en su estudio de arquitectura. Por lo tanto, el primero en acabar con sus actividades era Benkis y, responsable como era a pesar de su corta edad, ya contaba con su propio llavero para entrar y salir aunque estuviera solo.
Se lo habían regalado el mismo día de la mudanza,coincidentemente con su cumpleaños número doce. Era un llavero que llevaba impresos los colores de su equipo de fútbol favorito y del que pendían una linternita y una pequeña navaja, de esas que cuentan con lima, sacacorchos, tijerita, destornillador... todo en miniatura.
El reloj de la cocina talaneó las siete de la tarde cuando Benkis llamó a sus perros. Ambos se pusieron a saltar a su alrededor,alegres ante la inminencia del paseo, una vez que las correas le fueron colocadas, los tres abandonaron el departamento rumbo al ascensor de servicio. En los otros cuatro ascensores (“los principales” y lujosos de la modernísima torre; los representantes del consorcio de propietarios, recién constituido, habían colocado carteles que decían así: “prohibido trasladar perros y gatos en esteascensor”. Y Benkis se reía “para dentro” cada vez que recordaba los afiches que él mismo había escrito y pegado debajo de aquellos –unos días atrás- y que el encargado se había ocupado de arrancar de inmediato. ¿Qué se leía en ellos? Pues: monos, burros, papagayos, cocodrilos, zorrinos y cualquier otra especie de animal, permitida. La veda rige únicamente para gatos y perros”. Ya a bordo del ascensor deservicio –entonces- y en compañía de sus amigos de cuatro patas y colitas bailarinas, Benkis pulsó el botón que indicaba “PB” (planta baja, claro). Silbaba –mientras descendían- pensando – a la par- en esa palabra que había inventado para referirse al aparato que los transportaba. Debía denominarse “des-ascensor”, porque no sólo sirve para ascender, ¿no les parece? –les comentaba a sus hermanas.De pronto, una repentina oscuridad hizo ladrar a Tin, el más alerta de sus perros. ¡Uf, otro corte de luz! –masculló Benkis -. Y creyendo que habían llegado a la planta baja, comenzó a forzar la puerta de rejas hasta que logró abrirla a medias. Ni loco iba a esperar encerrado allí –como en una oportunidad anterior- el retorno de lo que suponía otra fastidiosa falta de energía eléctrica. –Purafachada este edificio, se dijo, y los cables dentro de las paredes deben ser de cuarta... Total... ¿Quién los ve? Por eso, aunque sabía que es muy peligroso manipular las puertas de los ascensores en esos casos y que –si resulta claustrofóbico- se debe guardar a que los mismos vuelvan a ponerse en movimiento.
Benkis manipuló con energía el picaporte de la segunda puerta, que era totalmente de...
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