Cuento

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con voces joviales y gozosas y preguntaban les cuál, de entre todas, era la más bella.
Los hombres se acercaban y contestaban que ellos encontraban a todas muy lindas, pero ninguna comparable conUntombina.
- Pues - decían los mercaderes - la hija de vuestro rey es esbelta como el árbol de la altura y tan lozana coma la fresca hierba que brota después de las lluvias fecundas
Cuando las otrasjóvenes oían estas palabras se enfadaban tanto que maltrataban a los mercaderes y los llenaban de improperios. Luego proseguían su camino. Era un alegre, espectáculo ver a aquellas encantadoras jóvenescaminando jovialmente, ataviadas con primor y luciendo sus mejores joyas, refulgentes al sol, y sus collares y brazaletes de ricas perlas.
Declinaba el día cuando las bellas muchachas llegaron alencantado lago. Y, al llegar, despojáronse de todas sus galas y saltaron al agua fresca y cristalina para bañarse a los últimos rayos del sol.
¡Qué alegres estaban las lindas negritas! Chapoteaban,tirábanse unas a otras agua del lago, brincaban, saltaban y nadaban alborozadas.
Desapareció el sol y tuvieron que buscar un sitio donde pudieran dormir. Realmente ya era hora de abandonar el placer dellago. Así lo hicieron, pero podéis imaginaros su espanto cuando advirtieron la falta de sus lindas sayas y vestidos, de los aros de los tobillos, collares y brazaletes.
- ¡Oh, oh, oh! - gritaron a una¡Mira, Untombina, el Monstruo del lago nos ha robado todas nuestras prendas y joyas! ¿Qué hacemos ahora?... Oh, Untombina, ¿qué hacemos ahora?
Gritaban tan fuerte como podían; tan sólo Untombinapermanecía indiferente y altiva, contemplando a las muchachas asustadas.
Al fin la más atrevida de todas dijo gritando:
- ¡La culpa es tuya, Untombina; sólo tú nos has traído esta desgracia!
Otra,muy piadosa por cierto, propuso que todas se arrodillaran y suplicaran al Monstruo que les devolviera lo que les había robado.
Pero Untombina rehusó, altiva, la proposición.
- Yo soy la hija del...
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