Cuentos de francisco coloane

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TIERRA DEL FUEGO

FRANCISCO COLOANE

 La derrota iba a las ancas de aquellos tres jinetes que atravesaban a trote largo el Páramo.
     El último tiroteo contra las fuerzas de Julio Popper había tenido lugar en las márgenes del río Beta, y los enemigos del enriquecido buscador de oro, unos setenta aventureros de todas las nacionalidades, se habían desbandado, totalmente derrotados por lasfuertes bajas sufridas.
     Unos huyeron hacia los cordones cordilleranos de Carmen Sylva, sierra que el mismo Popper así había bautizado en honor de su reina rumana. Otros fueron tragados por los vastos coironales de China Creek, y unos cuantos ascendieron por los montes del río Mac Lelan, refugio de cuatreros y de los últimos indios onas.
     Sólo Novak, Schaeffer y Spiro huyeron por la costasur de la Tierra del Fuego, con la esperanza de ocultarse tras el sombrío mogote del cabo San Martín. Conservaban todavía algunas balas para sus carabinas, y Novak, una cartuchera completa de las del calibre 9, para su Colt de caño largo, el único del trío.
     Estas escasas municiones eran lo único que todavía les daban ánimo en su desesperada situación, a pesar de que con ellas no habríanpodido sostener un prolongado tiroteo. Lo demás era todo derrota, debilidad, aniquilación, tanto dentro de sus corazones de hombres fugitivos como fuera de ellos, en el desamparo de la estepa fueguina.
     -Tienes sangre en el pantalón… -dijo Novak, con una extraña ternura en la voz, indicando la pierna derecha de Schaeffer.
     -Sí, lo sé -contestó fríamente Schaeffer, fijando sus ojos azulencosen el encapotado cielo, como el pájaro que estira el pescuezo antes del emprender el vuelo.
     -¿Bala? -interrogó Spiro.
     -¡No, boñigas de guanaco! -profirió Schaeffer, con rabia.
     -Vamos a ver -dijo Novak, sofrenando el trote del caballo.
     -¿Qué?
     -La herida -replicó el ex sargento alemán, con algo todavía del superior que se preocupa por el estado de su tropa.
     -No esnada…, sigamos -profirió con leve asomo cordial Schaeffer, espoleando su cabalgadura.
     Cosme Spiro lanzó una mirada cautelosa a sus espaldas y espoleó aún más su caballo, poniéndose a la delantera del trío.
     El viejo Schaeffer, como un pájaro herido, volvió a levantar la cabeza hacia el cielo. Más las punzadas de la herida, era el fluir de la sangre lo que lo atormentaba; porquecada vez que afirmaba el pie en el estribo para sostener el cuerpo en el ritmo del trote, sentía brotar una onda líquida de la herida, onda que escurría con escalofriante tibieza por la pierna hacia el pie, humedeciendo cada vez más al interior de la bota.
     Con la mano derecha puesta en su vieja carabina alemana, de caño recortado, atravesada sobre el morrón delantero de la montura, trataba dealivianar la fuerza que hacía el pie en el estribo para mantener el ritmo del trote largo; pero era inútil, la onda tibia surgía con regularidad agobiante, resbalando insidiosamente por la piel hasta empozarse dentro de la bota. Era entonces cuando Schaeffer estiraba su cabeza, como un pájaro, pero no para emprender el vuelo de una oración, sino para largar una bandada de maldiciones al cielo y asu Dios, por haberle arrastrado a tan desgraciada situación.
     -¿Quién me mandó a meterme en contra de Popper -díjose. Murmurando entre dientes el viejo-, cuando el rumano me trataba como a un compatriota y siendo como soy un húngaro perdido en estas playas?
     De tarde en tarde, como el fluir de su sangre en esas ondas tibias e insidiosas, surgían en su mente fugaces recuerdos de susandanzas con el buscador de oro enriquecido en el Páramo. El dolor y las rondas de la muerte traen en cualquier circunstancia la vida así, a retazos.
     Recordó su primer encuentro con aquel oficial borracho en el bar de Punta Arenas, que casi lo confundiera con un teniente del ejército austro-húngaro por el uniforme… ¡Era nada menos que el tal Novak, que ahora trotaba fugitivo a su lado con la...
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