Discurso de presentación de ana maría matute en la real academia española

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  • Publicado : 11 de febrero de 2012
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Señores Académicos:
Ante todo deseo expresar mi agradecimiento por el honor que para mí supone haber sido llamada a formar parte de esta Casa. Ni en mis más locos sueños juveniles pude imaginar que un día me hallaría aquí, ante ustedes y en ocasión tan solemne. De hecho, de haber sabido que un día mis cuentos y mis novelas me llevarían a pronunciar un discurso tan difícil, tan comprometido y tanarriesgado como el presente, acaso jamás me habría atrevido a escribir una sola línea. Pero por fortuna no lo sabía, y así puedo alegrarme de las dos cosas: de haber escrito y de estar aquí, ahora, leyendo estas palabras ante los miembros de una institución absolutamente mítica para mí.
No sólo me siento honrada —incluso halagada— sino también asustada, lo confieso, porque soy consciente de laresponsabilidad que esta distinción conlleva. Evoco las ilustres personalidades que me han precedido y me embarga el temor de no ser capaz de emularlas. Pienso, en concreto, en Carmen Conde, mi predecesora.
Pienso que la poesía es la esencia misma de la literatura, la máxima expresión literaria. Quizá el lenguaje poético sea, en el fondo, el más próximo a mi concepción personal de lo que es laescritura: el uso de la palabra para perseguir y desentrañar el envés del lenguaje, el revés del tejido lingüístico. Más adelante he de hacer referencia a esta cuestión —aunque no sea más que de la forma intuitiva que es la única que está a mi alcance—, pero ya desde este primer momento, me gustaría que mis palabras estuviesen presididas por la figura Carmen Conde, poetisa que supo extraer toda lafuerza, el misterio y la sabiduría que las palabras encierran para quien desee interrogarlas.
Son varios los aspectos de la obra de Carmen Conde me han impresionado. La guerra, por ejemplo, el inmenso dolor que sentimos cuando el fanatismo y la barbarie azotan el mundo, cuando la injusticia y el horror dejan de ser imágenes o recuerdos borrosos, y se convierten en algo palpable, se nos imponen comouna presencia ineludible y dejan en nosotros una huella dolorosa. Carmen Conde supo plasmar en sus versos toda esta infamia, toda esta tragedia. Escribía, por ejemplo:
Las madres y las esposas
vestidas de muertos callan.
Tumbas y cárceles gimen
cerrándose a las palabras,
Estas palabras tienen para mí una fuerza evocadora y testimonial realmente enorme, una fuerza con la que mi novela Loshijos muertos —una de las obras de las que más satisfecha me siento— me permite tender un puente íntimo y sólido.
Otra vertiente de la obra de Carmen Conde que desearía recordar aquí es su producción destinada a los niños. Recuerdo sus libros de cuentos —como Doña Centenita, gata salvaje o Los enredos de Chismecita— y sus obras de teatro —Aladino, A la estrella por la cometa—, que encandilaban a loslectores más jóvenes con su sensibilidad, su ternura y su encanto. El amor y la fascinación por el mundo de la infancia —que tanto añoró la autora, debido a la trágica muerte de su hija María del Mar— es asimismo un vínculo que me une a Carmen Conde de forma indisoluble.
La figura de Carmen Conde tiene para mí, además, un peso singular por lo que se refiere a su espléndida capacidad paraasimilar y reinterpretar la tradición más auténticamente popular, para encontrar un lugar en la literatura capaz de rescatar del olvido o de las interpretaciones simplistas —que en ocasiones son el enemigo más peligroso— la voz más íntima de una lengua y de una cultura... Pero, ¡habría tanto que decir! No he hablado del aspecto más trascendente de su poesía, ni de su arrollador amor por el paisajemediterráneo, por la luz del sur, por el mar; tampoco he hecho referencia a la riqueza de su poesía amorosa, reveladora de una sensibilidad extraordinaria y de un verbo rico, preciso y sutil.
Nadie que haya escuchado o leído los poemas de Carmen Conde podrá olvidarlos, y para mí no sólo constituye un honor, sino un verdadero placer haber podido recordar aquí su figura, en la que fue su casa, el hogar...
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