Discurso

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  • Publicado : 1 de diciembre de 2010
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Don Alfredo Doren Tobar, Vicerrector
Señores profesores
Padres y apoderados
Estimados alumnos y alumnas de 8º básico
Señores y señoras
Buenos Días

Hoy me es muy grato dirigirme a ustedes en esta ceremonia de premiación de los 8º básicos, di muchos rodeos a este discurso, pero como profesor de castellano decide contarles una breve historia que pertenece a Jorge Bucay.
“En un oasisescondido entre los más lejanos paisajes del desierto, se encontraba el viejo Eliahú de rodillas, a un costado de algunas palmeras cargada de dátiles, su único fruto.
Su vecino Hakim, un acaudalado mercader, se detuvo en el oasis y vio a Eliahú transpirando, mientras parecía cavar en la arena.
¿Qué tal anciano? La paz sea contigo.
- Contigo, contestó Eliahú sin dejar su tarea.
¿Qué haces aquí, conesta temperatura y esa pala en las manos?
- Siembro, contestó el anciano Eliahú.
¿Qué siembras aquí, con esta temperatura y esa pala en las manos?
- Dátiles respondió Eliahú, mientras señalaba a su alrededor el palmar.
¡Dátiles! – repitió el recién llegado, y cerró los ojos como quien escucha la mayor estupidez comprensivamente. El calor te ha dañado el cerebro, querido amigo. Ven, deja esatarea inútil y vamos a beber una copa de licor.
No, debo terminar la siembra. Luego si quieres puedo ir contigo.

Dime, amigo: ¿cuántos años tienes?
No sé… sesenta, setenta, quizás ochenta. Ya lo he olvidado, pero qué importa.
Mira amigo, dijo el mercader, los dátiles tardan más de cincuenta años en crecer y recién después de ser palmeras adultos están en condiciones de dar frutos. Yo no teestoy deseando el mal y lo sabes, ojalá que vivas hasta los ciento un años, pero tú sabes que difícilmente puedes llegar a cosechar algo de lo que hoy siembras. Deja eso y ven conmigo.
Mira Hakim, dijo el viejo, yo comí los dátiles que otro sembró, otro que tampoco soñó con probar esos dátiles. Yo siembro hoy para que otros puedan comer mañana los dátiles que hoy planto… y aunque sólo fuera en honorde aquel desconocido, vale la pena para seguir y poder terminar mi tarea”.
Alumnos de octavo básico, muchas veces en el colegio tuvimos ritos similares a este, y les hablábamos de cómo pasaban a una nueva etapa, que sería más enriquecedora, en donde se abrían a un mundo cada vez más grande, en donde tendrían que caminar por rutas que quizás nunca se habrían imaginado. Sin embargo, cuando piensoen estas cosas y haciendo memoria de los años anteriores, veo que hoy las palabras se han callado, porque quizás se nos ha olvidado lo más importante.
Ahora, hoy día, estamos volviendo a hacer lo que da sentido a toda nuestra vida.
Sin darnos cuenta les fuimos hablando del futuro, pero nos olvidamos de destacar lo maravilloso del presente.

Vivimos en una cultura que mira demasiado hacia elfuturo, y muchas veces con angustia, nos alejamos de la sencillez de lo cotidiano, olvidándonos de mirar las maravillas del presente. Estamos siempre pendientes de los nuevos descubrimientos, las nuevas encrucijadas por donde irá el mundo, incluso como generaciones anteriores queremos quizás cambiar el mundo, sin darnos cuenta que no hay cambio si no viene primero desde mis relaciones más cercanas.Se nos ha olvidado mirar lo cotidiano. Comprendo entonces, por qué a veces se puedan sentir hasta un poco engañados y prefieran gozar del presente sin tener que andar preocupados del mañana. Comprendo por qué a algunos no les interesa tanto pensar en cambios políticos, en candidatos, en las elecciones que pasaron.
Sin embargo, la felicidad que todos buscamos puede estar aquí, más cerca de lo quecreemos, en las cosas sencillas de cada día, en una carta que recibes de tus padres, o en las personas que como Eliahú saben dar gracias por lo que han recibido y al mismo tiempo pueden pensar en lo que necesitarán los que vendrán mañana.
Eliahú podría haberse angustiado pensando qué hacer en medio de un desierto tan inhóspito, podría haber pensado que le tocó vivir en el peor lugar y en el...
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