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El arte de tomar notas
Keith Thomas
Hábito de alegres ratones de biblioteca, el arte de tomar notas tiene una historia tan entretenida como desvirolada. Ganchos, libros, cuadernos, fichas, sobres y tijeras cumplen un papel protagónico en ella. 
 En el caso de los historiadores, en nada ayuda hablar mucho sobre sus métodos de trabajo. Porque así como el conjuro del mago desaparece siel público sabe cómo realiza el truco, de igual modo la credibilidad de los académicos puede quedar muy disminuida si los lectores lo aprenden todo acerca de cómo llegaron exactamente a escribir sus libros. Con demasiada frecuencia, tales revelaciones disipan la impresión de una omnisciencia segura y fiable; a su vez, sugieren que las investigaciones históricas son urdidas por seres humanosexpuestos a errores, que ensamblan los resultados de una investigación incompleta a fin de construir un relato cuya fuerza retórica compensará, o así lo esperan, las lagunas en la argumentación y las deficiencias en las pruebas.
Tal vez por eso muy pocos historiadores nos dicen cómo se las apañan con su tarea. En su reciente y espléndida autobiografía, History of a History Man, Patrick Collinsonrevela lo que le sucedió en una entrevista de trabajo cuando era joven. El medievalista Geoffrey Barraclough le preguntó por su método de investigación, y lo único que pudo decir era que trataba de examinar todo lo que era remotamente relevante para su objeto: “Yo no tenía ningún método, solo un cajón de sastre de materiales seleccionados más o menos de todas partes”. La mayoría de nosotros diría lomismo.
Pero, ¿cómo tratamos con el contenido de ese cajón de sastre una vez reunido? No lo podemos mantener todo en nuestra cabeza. Macaulay afirmaba que su memoria era lo suficientemente buena como para escribir todo El paraíso perdido. Sin embargo, al preparar su Historia de Inglaterra, tomó extensas notas en una multitud de libretas de distinta forma y color.
Los estudiosos siempre han tomadonotas. La forma más primitiva de absorber un texto es escribir sobre el propio libro. Era común que los lectores del Renacimiento marcaran pasajes clave subrayándolos o que pusieran líneas o señales en los márgenes –el equivalente en la Edad Moderna del resaltador fluorescente de hoy–. John Brinsley, erudito jacobita que escribió sobre la educación, decía que “los libros preferidos de los hombresmás doctos y de los más notables estudiantes estaban repletos de pequeñas líneas arriba o abajo, o de algunas llamadas o notas o marcas que pudieran ayudar a señalar algo digno de ser recordado”. Newton utilizó para ello las esquinas de las páginas de sus libros destacando el pasaje exacto que deseaba recordar. J. H. Plumb me mostró en cierta ocasión una serie de obras de Swift que le había dado G.M. Trevelyan; pertenecieron originalmente a Macaulay, que había trazado una línea hasta el final del margen de cada página leída, sin duda para recordar todo el conjunto. Los puntos con lápiz en el margen de muchos libros en la Biblioteca Codrington en All Souls son evidencia cierta de que A. L. Rowse estuvo antes allí. Mi viejo tutor, Christopher Hill, se servía del lápiz para anotar en lasguardas de sus libros una lista de las páginas y de los temas que habían llamado su atención. Borraba sus apuntes si vendía el libro, pero no siempre de forma minuciosa, de modo que uno normalmente podía reconocer un volumen que le hubiera pertenecido.
Un método más brutal es cortar las páginas del libro e incorporarlas a un cuaderno de notas. Más de un erudito renacentista cortaba y pegaba de estamanera, a veces incluso de los manuscritos. Eso les permitía acumular material que les habría llevado meses transcribir. Hoy en día, tienen menos incentivos para despedazar los libros, porque contamos con fotocopiadoras y cámaras digitales y podemos descargar material de internet. Pero los historiadores aún hacen recortes de periódico. En el desayuno, a menudo cojo las tijeras y las uso con...
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