Donamargo y sus ciruelas

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DONAMARGO Y SUS CIRUELAS
Don Manuel tenía un campo grande donde había plantado un montón de
árboles, la mayoría de ellos, frutales. Eran árboles hermosos, grandes y llenos
de las más ricas frutas.
En este campo había ciruelos, naranjos, limoneros, árboles de mandarinas, de
higos y hasta nogales que son los árboles que nos dan las nueces. Todos los
arbolitos frutales eran amigos entresí, y se entretenían en largas charlas. Cada
uno sabía para qué había sido plantado y que, con la fruta que nacía de ellos,
mucha gente se alimentaba y sólo eso les bastaba para vivir felices.
Es cierto que cuando venía Don Manuel a sacar la fruta, les tironeaba un
poquito y eso les dolía, pero a la mayoría no les importaba. Es más, muchos
esperaban el momento de la cosecha para sentiresas rosquillitas que su dueño
les hacía y reírse un poco.
Sin embargo, no todos los árboles eran iguales. Había un ciruelo al que todos
llamaban Don Amargo y no porque sus ciruelas fueran amargas, sino porque él
era distinto al resto. El ciruelo era realmente hermoso y sus grandes y brillosas
ciruelas llamaban la atención de todo el pueblo. A Don amargo le molestaba
mucho que lesacaran sus frutos. Decía que no era justo, que eran de él y que
no tenían por qué sacarle nada. - Nosotros estamos para alimentar a la gente.
Le decía el arbolito de mandarinas, sino ¿para qué servimos?
- Servimos para hacer el campo más hermoso, para que nos miren, para que
aprovechen nuestra sombra, pero eso no significa que nos tengan que sacar lo
que es nuestro.
- ¡Ay quécomentario tan ácido y eso que no es un árbol de cítricos! Dijo
Meterete, que no era un frutal, sino un pajarito que se la pasaba sobrevolando los árboles, alimentándose de sus frutas y sobre todo metiéndose en las
conversaciones ajenas.
- ¡Ud. habla así porque también se aprovecha de nosotros pajarraco!,
contestó Don Amargo, más amargo que nunca.
- Yo antes que comer una ciruela suya,me meto dentro de una polenta, mire
lo que le digo. A ver si me contagio su amargura ¡hábrase visto!
Nadie podía hacerle entender al ciruelo que lo bueno de tener algo, es que se
comparta con los demás, que de nada vale tener lo que sea si lo guardamos
sólo para nosotros.
Meterete se había propuesto convencer a Don Amargo. Tarea nada fácil.
Ninguno de los otros frutales lo habíalogrado.
Le habló tanto que lo durmió. Como vio que este método no funcionaba, probó
otros. - ¡Ay qué me muero! Dijo un día. No he probado bocado hace semanas,
estoy deshidratado, necesito picotear una rica ciruela o moriré de hambre.
Nada conmovió a Don Amargo. Quien ninguna ciruela ofreció al pajarito que
supuestamente moría de hambre.
- ¡Me muero, me muero, adiós mundocruel! ¡Necesito una ciruela ya! - Pues
picotee otra fruta que será lo mismo. Dijo Don Amargo, yo no comparto mis
frutos con nadie.
La cosa era realmente complicada, no había manera de hacerle entender al
ciruelo que su egoísmo no era nada bueno.
Resignado a que su actuaciónde pájaro a punto de morir de hambre, no
había hecho cambiar de opinión al ciruelo, Meterete se puso a pensarqué otra
cosa podía hacer. CONTINUARÁ
CONTINUARA!
Quería hablar con Don Manuel, pero obviamente como era un pajarito, no
podía hablar con los seres humanos, pero sí con otra ave. Fue allí cuando
pensóen Juanito, el lorito parlanchín que tenía Don Manuel.
Voló hasta la casa, y le contó todo al loro quien se preocupó mucho por la
actitud del ciruelo.
- Yo decía que ese árbol no era de fiar, con razón no me gustan las ciruelas, ni
si quiera en mermelada, murmuró Juanito. Pero ¿qué puedo hacer yo que no
salgo de esta casa? Yo sí que estoy, lo que se dice “entre cuatro paredes”....
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