El arte de amargarse la vida

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  • Publicado : 6 de noviembre de 2010
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PAUL WATZLAWICK

EL ARTE DE AMARGARSE LA VIDA

ÍNDICE
Nota del editor Prólogo Introducción Sobre todo esto: sé fiel a ti mismo.. Cuatro ejercicios con el pasado 1. La sublimación del pasado 2. La mujer de Lot 3. El vaso de cerveza fatal 4. La llave perdida o «más de lo mismo» Rusos y americanos La historia del martillo Los guisantes en la mano El hombre que espantaba elefantesAutocumplimiento de las profecías Cuidado con la llegada Si me amases de veras, comerías ajo de buen agrado «Sé espontáneo» Si alguien me quiere, no está en su cabal juicio «El hombre debe ser noble, dispuesto a ayudar y bondadoso» Esos extranjeros mentecatos La vida como juego Epílogo Índice bibliográfico

NOTA DEL EDITOR ORIGINAL

El nuevo libro de Paul Watzlawick se puede leer medio en broma y medio enserio. Es posible que el lector encuentre en este libro algo de sí mismo, a saber, su propio estilo de convertir lo cotidiano en insoportable y lo trivial en desmesurado. Además, aun cuando el autor no lo confiese en ninguna parte, este libro constituye una única y extensa «prescripción sintomática», un doble vínculo terapéutico muy al estilo del denominado «Grupo de Palo Alto». El psicoterapeuta oasistente seguramente sabrán leer entre las líneas de estas páginas maliciosas mucho material que tiene un significado directo para el diálogo terapéutico: metáforas, viñetas, chistes, anécdotas socarronas y otras formas de hablar del «hemisferio derecho», que son infinitamente más eficaces que las interpretaciones solemnes y graves de las actitudes erróneas de los humanos.

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PRÓLOGOINTRODUCC IÓN

En el corazón de Europa hubo una vez un gran imperio. Lo formaban tantas y tan diversas culturas, que no siempre podía alcanzarse una solución razonable para un problema cualquiera y el absurdo resultaba ser el único camino viable de la vida. Sus habitantes -los austrohúngaros, como el lector ya habrá sospechado- llegaron a ser proverbiales, no por su inhabilidad en enfrentarse deun modo razonable con los problemas más simples, sino por su habilidad en conseguir lo imposible de algún modo casi por descuido. Inglaterra, como dice un proverbio, siempre pierde la batalla menos la única decisiva; Austria siempre pierde la batalla menos la única desesperanza. (No es de extrañar que desde entonces la máxima condecoración militar se reserve para oficiales que arrebatan lavictoria de las garras de una derrota con alguna acción que está en crasa contradicción con el plan general de batalla.) El gran imperio se ha convertido en una pequeña región, pero el absurdo ha quedado en el concepto de vida de sus habitantes, y el autor de estas páginas no es ninguna excepción. Para ellos, la situación es desesperada, pero no seria.

«¿Qué puede esperarse de un hombre? Cólmelousted de todos los bienes de la tierra, sumérjalo en la felicidad hasta el cuello, hasta encima de su cabeza, de forma que a la superficie de su dicha, como en el nivel del agua, suban las burbujas, déle unos ingresos que no tenga más que dormir, ingerir pasteles y mirar por la permanencia de la especie humana; a pesar de todo, este mismo hombre de puro desagradecido, por simple descaro, le jugará austed en el acto una mala pasada. A lo mejor comprometerá los mismos pasteles y llegará a desear que le sobrevenga el mal más disparatado, la estupidez más antieconómica, sólo para poner a esta situación totalmente razonable su propio elemento fantástico de mal agüero. Justamente, sus ideas fantásticas, su estupidez trivial, es lo que querrá conservar...» Estas palabras proceden de la pluma de unhombre, que Friedrich Nietzsche consideraba el más grande de los psicólogos de todos los tiempos: Feodor Mijailovich Dostoievski. En realidad sólo dicen, bien que en un tono más elocuente, lo que la sabiduría popular sabe desde siempre: no hay nada más difícil de soportar que una serie de días buenos. Ya es hora de acabar con los milenarios cuentos de viejas que presentan la felicidad, la dicha,...
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