El enigma cambises

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EL ENIGMA DE CAMBISES
PAUL SUSSMAN

PAUL SUSSMAN

EL ENIGMA DE CAMBISES

A mi hermosa Alicky, por soportarme, y a mi madre y mi padre, por apoyarme sin obligarme jamás.

La tropa que había sido enviada para atacar a los amonitas partió de Tebas acompañada de guías, y puede seguirse su avance hasta la ciudad de Oasis, que dista de Tebas siete jornadas de camino a través de una zonadesértica. Cuentan que el ejército llegó hasta allí, pero nada se sabe de su suerte posterior. No llegó al territorio de los amonitas ni tampoco regresó a Egipto. Corre la versión, entre los propios amonitas y entre quienes se la habían escuchado contar a aquéllos, de que cuando los hombres habían dejado Oasis, y en su avance a través del desierto habían llegado a mitad de camino entre la ciudad y lafrontera del país amonita, un viento del sur sumamente violento lanzó la arena a montones sobre ellos mientras comían, y desaparecieron para siempre. HERÓDOTO, Historia, Libro tercero, traducido por Aubrey de Sélincourt

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PAUL SUSSMAN

EL ENIGMA DE CAMBISES

En el desierto occidental, año 523 a.C. La mosca llevaba toda la mañana incordiando al griego, quien, como si el sofocante calor deldesierto, las marchas agotadoras y las magras raciones no fuesen suplicio suficiente, tenía que soportar ese tormento añadido. Maldijo a los dioses y se dio una bofetada en la mejilla que provocó una lluvia de gotitas de sudor, pero sin acertar a aplastar al insecto. —¡Malditas moscas! —exclamó. —No les hagas caso —le aconsejó su compañero. —¡Qué más quisiera! ¡Van a volverme loco! Deben dehaberlas enviado nuestros enemigos. Su compañero se encogió de hombros. —Pues quizá sí hayan sido ellos. Dicen que los amonitas tienen extraños poderes. He oído que pueden convertirse en animales salvajes; en chacales, leones y otras fieras. —Por mí, que se conviertan en lo que quieran —refunfuñó el griego—. Pero como les ponga las manos encima pagarán por esta maldita marcha. ¡Ya hace cuatro semanasque salimos! ¡Cuatro semanas! Se descolgó el pellejo de agua que llevaba al hombro y bebió haciendo una mueca de desagrado al notar el líquido caliente y oleoso. Habría dado cualquier cosa por una jarra de agua fresca de las fuentes de Naxos; en vez de aquélla que sabía como si cincuenta rameras picadas de viruela se hubiesen bañado en ella. —No pienso seguir campaña es la última. alistándome comomercenario —añadió—. Esta

—Siempre dices lo mismo. —Pero esta vez va en serio. Volveré a Naxos a buscar esposa, una buena parcela y un olivar. Ya sabes que eso da dinero. —Nunca te acostumbrarías. —Ya lo creo que sí —replicó el griego, tratando en vano de darle un manotazo a la mosca—. Estoy seguro. Esta vez es distinto. Y, ciertamente, aquella vez era distinto. Llevaba veinte años luchando enlas guerras de otros. Era demasiado tiempo. Ya no soportaba más aquellas marchas. Y el dolor de su vieja herida de flecha se le había agravado aquel año. Apenas podía levantar el escudo por encima del pecho. Esa expedición sería la última. Volvería a la isla en la que había nacido y cultivaría un olivar.

PAUL SUSSMAN

EL ENIGMA DE CAMBISES

—Y bien, ¿quiénes son los amonitas? —dijo trasbeber otro trago de agua. —No tengo ni idea —contestó su compañero—. Al parecer tienen un templo que Cambises quiere que destruyamos. Por lo visto hay allí un oráculo. Es todo lo que sé. El griego volvió a refunfuñar, pero no quiso seguir con el tema. En realidad, nunca le interesaba saber contra quién iba a luchar. Le daba igual que fuesen libios, egipcios, carios, hebreos o compatriotas. Sealistaba, mataba a quien tuviese que matar y, una vez terminada la campaña, se alistaba para otra, muy a menudo, contra los mismos que le habían pagado por la anterior. En esos momentos su señor era Cambises de Persia, pero hacía sólo unos meses había luchado contra éste en el ejército de Egipto. Así era la vida de los mercenarios. Bebió otro trago de agua y dejó vagar el pensamiento hacia Tebas,...
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