El juez de egipto la ley del desierto

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La ley del desierto

Segundo volumen de la trilogía
El juez de Egipto
CHRISTIAN JACQ

Índice

Título original: La Loi du désert
Traducción: Manuel Serrat

Grande es la Regla, duradera su eficacia;
no ha sido perturbada desde los tiempos
de Osiris. La iniquidad es capaz de apode-
rarse de la cantidad, pero el mal nuncallevará su empresa a buen puerto. No te
entregues a una maquinación contra la es-
pecie humana, pues Dios castiga semejan-
te comportamiento... Si has escuchado las
máximas que acabo de decirte, cada uno
de tus designios progresara.
La enseñanza del sabio Ptah-hotep
(Extracto de las máximas 5 y 38)CAPÍTULO 1

El calor era tan abrumador que sólo un escorpión negro se aventuraba por la arena del patio del penal. Perdido entre el valle del Nilo y el oasis de Khargeh, más de doscientos kilómetros al oeste de la ciudad santa de Karnak, recibía a los reincidentes que purgaban pesadas penas de trabajos forzados. Cuando la temperatura lo permitía, trabajaban en la pista que unía el valle con eloasis, por la que circulaban las caravanas de asnos cargados con mercancías.
Por décima vez, el juez Pazair presentó su petición al jefe del campo, un coloso proclive a golpear a los indisciplinados.
–No soporto el régimen de favor del que gozo. Quiero trabajar como los demás.
Delgado, bastante alto, con los cabellos castaños, la frente ancha y alta, y los ojos verdes coloreados de marrón,Pazair, cuya juventud había desaparecido con la prueba, conservaba una nobleza que imponía respeto.
–No sois como los demás.
–Soy un prisionero.
–No habéis sido condenado, estáis aislado. Para mí, ni siquiera existís. Vuestro nombre no está en el registro, no tenéis número de identificación.
–Eso no me impide hacer de picapedrero.
–Volved a sentaros.
El jefe del campo desconfiaba de aquel juez.¿Acaso no había asombrado a Egipto organizando el proceso del famoso general Asher, acusado por el mejor amigo de Pazair, el teniente Suti, de haber torturado y asesinado a un explorador egipcio y de colaborar con los enemigos hereditarios, los beduinos y los libios?
El cadáver del infeliz no había sido encontrado en el lugar que Suti había indicado. De modo que los jurados, al no poder condenaral general, se habían limitado a solicitar una investigación más profunda, que se había paralizado en seguida porque Pazair, que había caído en una emboscada, se había convertido en el principal sospechoso del asesinato de su padre espiritual, el sabio Branir, futuro sumo sacerdote de Karnak. Acusado de flagrante delito, había sido detenido y deportado, con desprecio de la ley.
El juez se sentóen la ardiente arena, en la postura del escriba. Pensaba sin cesar en su esposa Neferet. Durante mucho tiempo creyó que nunca lo amaría; luego había llegado la felicidad, violenta como el sol de verano. Una felicidad brutalmente quebrada, un paraíso del que había sido expulsado sin esperanza de retorno.
Se levantó un viento cálido. Atorbellinó los granos de arena, que azotaron su piel. Con lacabeza cubierta por un paño blanco, Pazair no le prestó atención; recordaba los episodios de su investigación.
Pequeño magistrado llegado de provincias, extraviado en la gran ciudad de Menfis, había cometido el error de mostrarse demasiado concienzudo estudiando de cerca un extraño expediente. Había descubierto el asesinato de cinco veteranos que formaban la guardia de honor de la gran esfinge deGizeh, matanza presentada como un accidente; el robo de una importante cantidad de hierro celeste, reservado a los templos; una conspiración en la que estaban mezcladas altas personalidades.
Pero no había logrado demostrar, de modo definitivo, la culpabilidad del general Asher, y su intención de derribar a Ramsés el Grande.
Cuando el juez había obtenido plenos poderes para poder conectar entre...
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