El maestr y su oficio

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EL MAESTRO Y SU OFICIO
Alonso Takahashi
Palabras pronunciadas en el acto de entrega del Premio Nacional de Matemáticas, 1991
A la memoria de Rafael Botero

Una tarde, hace casi 2400 años, tuvo lugar, en Atenas, la más célebre conferencia de la Antigüedad.
El conferenciante era Aristocles, más conocido como Platón, y laexposición versaba sobre lo Bueno o, en términos que quizás se consideren hoy más platónicos, el Bien.
El relato no debe ser tomado al pie de la letra pues proviene de Aristóxeno, de quien es conocida cierta antipatía hacia Platón, para no hablar de su manifiesto gusto por el chisme y la maledicencia.
Sea como sea, parece que en el lugar de la conferencia se congregó la flor y nata de laintelectualidad ateniense. Asistieron los alumnos de la Academia y, naturalmente, los principales discípulos de Platón. Allí estaban Xenócrates, quien escribiría una obra sobre la vida del maestro; Espeusipo, su sobrino y sucesor en la dirección de la Academia; Heráclides Póntico, el atomista y cosmólogo y, por supuesto, el fiel Aristóteles.
Es ésta la única disertación pública que se leatribuye a Platón. Hace parte de su controvertida
doctrina inédita , sobre la cual no dejó, o no nos ha llegado, nada escrito. Hay, no obstante, razones para pensar que algunas de las tesis expuestas en ella aparecen en el Filebo . También es posible que las lecciones sobre este diálogo, ofrecidas por Marsilio Ficino en su academia neoplatónica de Florencia, fueran inspiradas en laconferencia de Platón. Aristóteles consignó su versión en un tratado en tres libros titulado Sobre lo Bueno, un ejemplar del cual llegó hasta Alejandro de Afrodisias, en el siglo III de nuestra era. Desde entonces sólo aparecen algunas referencias en los escritos de sus discípulos.
Según Aristóxeno, al correrse la voz de que Platón disertaría "sobre lo bueno", se reunió una multitud provenientede Atenas y sus alrededores esperando recibir indicaciones prácticas sobre cómo lograr bienes como el poder, la riqueza, la salud y, sobre todo, la dicha y el placer. Pero cuando el conferenciante empezó a hablar de matemáticas -- de aritmética, geometría
y astronomía -- la sorpresa y el desconcierto fueron generales; algunos no ocultaron su enojo y se retiraron sin disimulo mientras queotros, más discretos, empezaron a escurrirse de manera gradual. En resumen, la audiencia fue sometida a una exposición árida y supremamente técnica en la cual se exploraban avanzadas tesis pitagóricas y se proponían los lineamientos de una nueva ontología matemáticamente fundamentada, en la cual se identificaba el Bien con "la clase de lo determinado, concebida como unidad". Dada laadmiración que Platón tenía por las matemáticas y el lugar preponderante de la idea del Bien, en la jerarquía de las formas , como fuente de todo lo bueno y todo lo cierto, éste pudo ser un intento de fundamentar simultáneamente el Bien y el Uno, el orden moral y el orden intelectual. Tan audaz identificación entre virtud y conocimiento había sido en realidad una tesis socrática en la confrontación con losprimeros profesionales de la enseñanza: los sofistas.
La reunión, como ya habrán podido ustedes inferir, fue un rotundo fracaso. Pero, sea por ésta o por otra razón menos adversa, la conferencia se hizo famosa en el mundo antiguo.
Diógenes Laercio, quien en su Vidas de los filósofos más ilustres no desdeñó recoger cuanta habladuría llegó a sus oídos, cuenta, en lo que parece ser otraversión de la misma historia, que sólo Aristóteles se quedó hasta el final. Si hemos de confiar en el juicio del historiador contemporáneo Indro Montanelli, quien, quizás sea oportuno decirlo, tiene también una lengua viperina, su actitud no se debe atribuir sólo a la admiración y al respeto. No quería perderse una sola palabra de Platón, pues ya estaba preparando su propio sistema...
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