El mal en kant

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EL MAL Y LA LIBERTAD La inclinación hacia el mal en Kant
David Torrijos Castrillejo INTRODUCCIÓN Debemos preguntarnos qué consecuencias ontológicas posee el principio de inmanencia en la filosofía moderna. Una vez aceptado éste, resulta difícil dar una explicación equilibrada del ser de la persona, puesto que uno ha de hacer cuentas con un artificio con pretensión de infinitud que se golpeaconstantemente ante el rígido muro de la finitud efectiva. Vamos a ver adónde lleva la aceptación de este principio en Kant, respecto a esta idea curiosa que surge en su sistema acerca del mal radical. Ciertamente, no es Kant el filósofo que afronta todas las consecuencias del principio de inmanencia, sino que se verá después, en la filosofía posterior, a los pensadores combatiendo contra esta hidrainvencible. Pensemos en la disolución de la persona en el pensamiento idealista, el insuperable pesimismo antropológico al que se ve abocado Heidegger, donde el sujeto acaba atrapado en el estado de caída, o en la conclusión a la que Sartre llega: este yo que tiene trata serlo todo a la postre deberá reconocer que no es más que nada. Las causas de estas aporías sin duda se encuentran en losproblemas ontológicos que ha introducido este giro hacia el yo del inmanentismo antropológico, causas que no podemos estudiar en este lugar de forma exhaustiva. Tan sólo, para abundar en la conciencia del desfase especulativo que supone la antropología kantiana, veamos esta cuestión del mal. I. LA CUESTIÓN DEL MAL EN LA FILOSOFÍA CRÍTICA Debemos tener en cuenta una serie de factores que convergen en lapersona del filósofo de Königsberg. Toda su filosofía crítica no es otra cosa que un intento de dar solución al problema de la confrontación entre el racionalismo y el empirismo, de cara a salvaguardar la fe filosófica, comprendida como el respeto de la ley moral por ella misma. En este contexto, no resulta fácil comprender la aparición del mal en la filosofía de Kant, llena de la luz y deloptimismo característicos de la Ilustración. Quien estaba hasta tal punto influenciado por Rousseau no podría ser el que volviera a traer la idea del mal radical a la filosofía. Y es que el mismo problema del mal acecha ya en el trasfondo del pensamiento de los ilustrados. No podemos ignorar el contundente poema de amplio alcance que escribió Voltaire ante el desastre de Lisboa, ni tampoco olvidaremosque buena parte del pensamiento del siglo de las luces procede de la experiencia conmocionada de la guerra de los treinta años. Pensemos que la idea del mal ínsito en la persona humana está presente en las ideas acerca del estado que ocupan a estos autores. Montesquieu divide el poder para evitar la corrupción, Hobbes presenta una visión nada optimista del hombre e incluso su antagonista Rousseauacaba reflejando una imagen bastante negativa de la sociedad humana. Por otra parte, seguramente, además de la experiencia vulgar, hemos de contar sobre todo con la educación puritana que Kant recibió y de la que siempre fue deudor. No resulta extraño pues que el tema del mal surja precisamente al examinar el problema de la religión. De esto resulta esta curiosa mezcla, de modo que se ha dicho que“Kant es a la vez un ilustrado que confía en el progreso de la especie humana y un luterano convencido del carácter radical y universal del mal.”1 Sin embargo, este problema del mal no emerge en principio de una manera temática hasta no haber desarrollado de una forma más completa su filosofía. No obstante, ya estaba presente alguna concepción sobre el mal desde el principio; cosa no extraña, dadoque el objetivo de la filosofía crítica será defender el espacio de la subjetividad, que es el espacio de la libertad, en la que se dan el bien y el mal moral.2 En este sentido se cumple el adagio clásico, pues también aquí primum in intentione
1 J. L. BRUCH, La philosophie religieuse de Kant (Aubier, Paris, 1968) pág. 56; cit. en: E. COLOMER, El pensamiento alemán de Kant a Heidegger (Herder,...
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