El matrimonio perfecto

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Cuando Gabbi se casó con Benedict Nicols, se habló de la boda de la década. Benedict se convirtió en el director de un imperio, y Gabbi se transformó en la esposa perfecta. Pero ella estaba enamorada de su marido, aunque para él su matrimonio era solo un asunto de negocios, sexo y herederos. Gabbi no quería tener un hijo como si fuera parte de un trato comercial, pero si no lo hacía su atractivahermanastra estaría deseosa de ocupar su lugar...

Capítulo 1

GABBI paró el coche en medio de un atasco en South Head Road, cerca del barrio de Sydney llamado Elizabeth Bay. Miró su reloj nerviosa y golpeó los dedos rítmicamente en el volante.
En una hora tenía que ducharse, lavarse el pelo, secarlo y peinarlo, maquillarse, vestirse y recibir a los invitados a la cena. El quedarse detenidadiez minutos en medio del tráfico no formaba parte de sus planes.
Miró sus manos pintadas y arregladas: no había almorzado para ir a la manicura. Había tomado una manzana a media tarde, lo que no podía considerarse un adecuado sustituto de una comida.
El coche de delante comenzó a moverse. Ella lo siguió, pero al cambiar el semáforo tuvo que volver a pisar el freno.
A ese paso, le costaría dos otres intentos pasar la intersección, pensó. Debía haberse marchado antes de la oficina para no verse afectada por la hora de más tráfico. Pero su cabezonería no se lo había permitido.
Como era la hija de James Stanton, no le hacía falta trabajar. Sus propiedades, una extensa cartera de acciones y una apreciable renta anual la situaban en la lista de ricas mujeres jóvenes de Sydney.
Además, erala esposa de Benedict Nicols, y su puesto de asesora ayudante de dirección de las Empresas Stanton-Nicols era visto muchas veces como una muestra de nepotismo.
Gabbi apretó el acelerador con satisfacción, pero tuvo que volver a parar.
El teléfono móvil sonó. Ella contestó automáticamente.
-Gabrielle.
Había una sola persona que se negaba a usar su diminutivo: Mónica.
-¿Estás conduciendo?-Estoy retenida -contestó, preguntándose cuál sería el motivo de la llamada de su madrastra. Mónica no llamaba nunca para saludarla simplemente.
-Annaliese viene esta tarde. ¿Te importaría que fuese a cenar con nosotros esta noche?
Los años pasados en un internado de una escuela de élite la hicieron contestar cortésmente.
-No, en absoluto. Estaremos encantados de que venga.
-Gracias, querida.
Lavoz de Monique sonó suave cuando colgó.
Estupendo, se dijo, mientras llamaba a Marie para decirle que pusiera otro plato en la mesa.
Suspiró. Esperaba que el hecho de que fueran trece personas no fuera mala suerte en ningún sentido, pensó después de colgar.
El tráfico empezó a moverse.
James Stanton se había casado hacía diez años con una divorciada de veintinueve años con una hija pequeña yaquello lo había llenado de alegría. Monique era muy sociable, igual que él, y una anfitriona excepcional. La pena era que el afecto de Monique no había llegado hasta la hija de su esposo. Ella había tenido entonces quince años, y había sentido la superficialidad de su madrastra. Se había pasado seis meses preguntándose por qué, hasta que una amiga había dicho algo acerca de las características deuna relación disfuncional desde el punto de vista psicológico.
Como respuesta, Gabbi había decidido destacar en todo lo que hacía. Como consecuencia había ganado campeonatos deportivos, había terminado la carrera con un expediente académico insuperable en Administración de Empresas. Había estudiado idiomas, y había pasado un año en París y otro en Tokio antes de volver a Sydney a trabajar parauna empresa rival. Luego se había presentado al puesto en Stanton-Nicols, y lo había ganado, gracias a su experiencia y eficiencia.
El pensar en el pasado tenía un cierto peligro, pensó Gabbi, mientras se metía en una calle de un barrio exclusivo, lleno de casas lujosas que se escondían detrás de altos muros, y adornadas con árboles frondosos.
Después de recorrer unos cien metros, paró. Apretó...
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