El mundo de los mamelfos

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BLUNQUIMELFA
Adela Basch
En algún lugar del universo había un planeta que era el planeta de los mamelfos. Los mamelfos eran unos seres que ni ellos sabían bien cómo eran. Porque desde que nacían todas las cosas se les iban quedando pegadas. La ropa que les iba quedando chica y ya no podían seguir usando se les iba quedando pegada. El cepillo de dientes que se gastaba y dejaba de servir se lesquedaba pegado. Los cuadernos que ya no tenían ni una hoja en blanco donde escribir algo nuevo se les quedaban pegados. Los huesos del guiso de gliptosaurio que comían en el almuerzo se les quedaban pegados. Los juguetes que se rompían se les quedaban pegados. Y mientras iban creciendo, se les iba formando sobre el cuerpo una montaña tan grande de cosas, que no se sabía que forma tenían ellos. Hubouna vez un mamelfo que se quiso mudar a otra casa. Pero apenas lo decidió, la casa vieja se le quedó pegada y tuvo que vivir toda la vida con esa casa a cuestas. Después, ya nadie más se animó a mudarse. A las casas de los mamelfos también las cosas se les quedaban pegadas. Todos los muebles, todas las alfombras, todas las cortinas, todas las ollas que dejaban de usar se iban quedando pegadas enlos techos y en las paredes de las casas. Las ciudades de los mamelfos estaban llenas de cosas. Estaba todo tan lleno que casi no se podía ver nada. Aunque igual, en el mundo de los mamelfos, para ver no había mucho que digamos. La verdad es que todo era bastante oscuro. Y no es que la oscuridad hubiera tenido ganas de instalarse allí. Al contrario, la oscuridad ya estaba bastante harta de estaren ese mundo tan oscuro. Pero había tantas cosas por todas partes que no quedaba ni un pedacito de aire libre. No había lugar para que entrara ni un rayo de sol. Ni un rayito. Ni un rayito flaquito y debilucho. Nada. En el mundo de los mamelfos todo era oscuro y opaco porque hacía mucho tiempo que no entraba el sol. En el mundo de los mamelfos todos andaban muy despacio, porque era muy difícilmoverse con tantas cosas pegadas. Los únicos que todavía podían correr un poco y saltar algún salto que otro eran los más chiquitos. A los mamelfos chiquitos les gustaba mucho que les contaran cuentos. Y casi siempre los mamelfos grandes les contaban cuentos a la hora de irse a dormir. Les contaban historias que decían: “Hubo un tiempo en que el mundo de los mamelfos era distinto. A veces, entraba elsol. Y el mundo, en vez de ser todo tan oscuro, era de colores, y había brillos maravillosos y un fulgor que resplandecía en el cielo y se reflejaba en el mundo de los mamelfos. Y todos los mamelfos, incluso los más grandes, podían andar ligero y saltar”. A los más chicos les encantaba escuchar esta historia. Pero al final siempre les decían: “Esas historias son puro cuento”. Y también esa frasese les quedaba pegada. Y cuando algún mamelfo de los más chicos decía: “¿Y si probamos? ¿Y si buscamos? ¿Y si tratamos de encontrar de nuevo esos fulgores, esos brillos, ese sol?” Cuando algún mamelfo de los más chicos decía eso siempre había otro mamelfo, que caminaba muy pesadamente, que se movía con mucha lentitud, que casi no podía avanzar ni esto por el peso de todo lo que tenía pegado encima,que invariablemente contestaba: “Pero no, esos son cuentos. El mundo que conocemos es así y no puede ser de otra manera. Las cosas son como son”. Y a los mamelfos más chicos esa frase también se les quedaba pegada. En el mundo de los mamelfos, entre los más chicos, los que todavía podían correr un poco y hasta de vez en cuando dar alguna vuelta carnero, había una mamelfa llamada Blunquimelfa. ABlunquimelfa esas historias de otro tiempo le daban vuelta carnero en la cabeza. Una cabeza en la que todavía no se habían pegado demasiadas cosas. A Blunquimelfa las vueltas carnero le encantaban. Eran de los que más le gustaba hacer. Un día empezó a dar vueltas carnero sin parar. Con los ojos cerrados, para no marearse, las iba contando y se decía: “Voy a batir mi propio récord de vueltas...
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