El perro y el caballo

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  • Publicado : 11 de agosto de 2010
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Zadig pudo comprobar, como está escrito en el libro de los Zen, que el primer mes de matrimonio es la luna de miel y el segundo la luna de ajenjo. Al poco tiempo de repudiar a Azora, con la que se le había llegado a hacer la vida imposible, buscó la felicitad en el estudio de la naturaleza. "Nadie vive tan dichoso -pensaba- como el filósofo que se ocupa de leer el gran libro que Dios hadesplegado ante nuestros ojos. Las verdades que descubre le pertenecen. Así alimenta y perfecciona su espíritu. Vive tranquilo, no teme nada de los hombres y su amante esposa no viene a cortarle la nariz".
Sumido en estas ideas, se retiró a una casa de campo en las orillas del Éufrates. Allí no se preocupaba de calcular las pulgadas de agua que pasan en un segundo bajo los arcos de un puente o si caía unamedida más de lluvia en el mes del ratón que en el mes del carnero. No se dedicaba a pensar cómo se hacía seda con telas de araña o porcelana con botellas rotas, sino que se dedicó a estudiar las propiedades de animales y plantas, de forma que pronto adquirió una sagacidad que le mostraba mil diferencias donde los demás hombres no veían nada que no fuese uniforme.
Cierto día mientras paseabajunto a un bosquecillo, vio que corría hacia él un eunuco de la reina, seguido de varios oficiales que mostraban la mayor inquietud y que iban de un lado para otro como hombres extraviados que buscan algún precioso objeto perdido.
-Joven- le dijo el eunuco-, ¿no has visto el perro de la reina?
-Es una perra, no un perro- repuso modestamente Zadig.
-Tienes razón- replicó el eunuco.
-Es una podencadiminuta -añadió Zadig-; hace poco que ha tenido perros; cojea de la pata izquierda delantera y tiene las orejas muy largas.
-Entonces la has visto -exclamó sofocado el eunuco.
-No -contestó Zadig-, no la he Visto nunca, ni jamás supe que la reina tuviese una perra.
Precisamente al mismo tiempo, por uno de esos frecuentes azares de la fortuna, el más hermoso caballo de las caballerizas realesse había escapado de las manos de una palafrenero por las llanuras de Babilonia.
El montero mayor y sus oficiales lo buscaban con la misma inquietud con que el eunuco buscaba la perra. El montero se acercó a Zadig y le preguntó si había visto pasar el caballo del rey.
-Es el caballo que mejor galopa -repuso Zadig-; tiene cinco píes de alto, sus cascos son diminutos; lleva una cola de tres pies ymedio de largo, las cabezas de sus bocados son de oro de veintitrés quilates y sus herraduras son de plata de once denarios.
-¿Qué camino ha tomado? ¿Dónde está -suplicó el montero mayor.
-No lo he visto -respondió Zadig-, y nunca he oído hablar de él.
El montero mayor y el eunuco no dudaron que Zadig había robado el caballo del rey y la perra de la reina. Por ello lo condujeron ante laasamblea del gran desterham, que lo condenó al knut y a pasar el resto de sus días a Siberia. Apenas emitido el juicio, aparecieron el caballo y su perra. Los jueces se vieron en la dolorosa necesidad de reformar su veredicto, pero condenaron a Zadig a pagar cuatrocientas onzas de oro por haber afirmado que no había visto lo que sí había visto. -Fue preciso ante todo pagar esa multa, después de lo cualse permitió a Zadig defender su causa en el consejo del gran desterham. Habló en estos términos:
-Estrellas de justicia, abismos de ciencia, espejos de la verdad, que tenéis la ponderación del plomo, la firmeza del hierro, el brillo del diamante y gran afinidad con el oro, puesto que se me permite hablar ante esta augusta asamblea, os juro por Orosmade que no he visto jamás la respetable perra dela reina, ni el sagrado caballo del rey de los reyes. Os diré lo que ocurrió: me encontraba paseando por el bosquecillo donde posteriormente encontré al venerable eunuco y al ilustrísimo montero mayor, cuando vi sobre la arena las huellas de un animal y no me fue difícil advertir que eran de un perrillo. Unos ligeros y alargados surcos marcados sobre unas pequeñas eminencias de arena entre las...
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