El señor b

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EL SEÑOR B


EL SEÑOR B

Dos testimonios sobre la Ciudad Prohibida, publicados por A. Charouder.

COMENTARIO PRELIMINAR

Creo que todas las personas interesadas por la Ciudad de Madjahni, también conocida como la Ciudad Prohibida encontrarán en los dos testimonios, que entrego de manera totalmente fiel, un excelente ejemplo del mecanismo utilizado por las cosas del Cielo para liberaralgunos de las cosas de la Tierra.
La estructura utilizada para el relato no es un efecto de estilo de tipo literario, sino una voluntad por mi parte de enseñar la profunda imbricación de ambas experiencias.
El título del libro no es anecdótico.


Athanasius Charouder







JEREMY - I
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“Pocas personas han conseguido entrar en la Ciudad Prohibida. Aún menos han salido deella para contar lo que habían visto allí. El anciano sin dientes que estaba delante de mí pertenecía a ese pequeño grupo de individuos lo suficientemente locos como para dejar ese lugar de reputación paradisíaca. Sentado en uno de mis confortables sillones, me estaba sonriendo, sin pronunciar ninguna palabra, dejando el tictac de mi reloj de roble. Sentado sobre mi mesa, observaba mi invitado a laluz de las dos lámparas que aclaraban el salón. Observaba su rostro bronceado, su barba blanca y su ropa inmaculadamente blanca, contrastando que su aspecto de anciano desencarnado descarnado.

“Entonces, señor Baryianan, ¿usted me podría indicar precisamente dónde se ubica la Ciudad Prohibida?” Todavía me costaba creer en la suerte que me había hecho cruzar el camino de uno de los escasoshombres capaces de ayudarme en esa búsqueda. Contemplaba el hombre como si quisiera estar seguro de no estar soñando. Si las conveniencias hubieran permitido que le palpase para asegurarme de su realidad, lo habría hecho sin dudar.
“Si le proporcionara un plano de la zona, ¿usted me podría indicar el lugar?” Mi voz, que procuraba mantener neutra, empezaba a delatar la inmensa excitación que estabasintiendo.

El hombre mayor asintió con la cabeza y luego su puso a reír como un idiota. ¿Cómo un hombre aparentemente tan corto de mente consiguió encontrar aquel santo lugar, tan bien escondido? A pesar de mis dudas repentinas, saqué de un cajón un viejo mapa de los alrededores de Madjahni y lo abrí sobre la mesa con prisas. Tendí un lápiz al hombre sin dientes y lo cogió, riéndose de nuevo. Susojos pálidos daban vueltas, lo que confería a su rostro una expresión de demencia senil. Se levantó y se acercó despacio a la mesa, sin preocuparse por mi presencia.
Una ligera brisa soplaba por la ventana abierta y calmaba la pesadez, aún muy presente, que había dejado el día y su sol de plomo. Por Para mi gran alegría, veía al hombre acercar la punta del lápiz del al mapa. Pero,desgraciadamente, se puso a dibujar en la esquina superior izquierda del mapa. “Quizás usted no me ha entendido bien, le pedía que me indicara dónde se encuentra la Ciudad Prohibida…”, articulaba de la manera más distinta pausada posible, como si me dirigiera a un niño. El anciano me miró sonriendo una vez más, luego enseñó el dibujo con el dedo.

“Creo que no nos entendemos…” No acababa mi frase. Reconocíenseguida el símbolo y eso no auguraba nada bueno. Mi excitación despareció, dejando lugar a la inquietud, y luego al miedo. Sin dejar de sonreír, el viejo me mostraba, orgulloso, la serpiente con cabeza de mujer que acababa de dibujar. Articuló en un Inglés horrible silabas que me costaron entender. “¿Perdón?” Me había levantado, cautivo de una agitación que ya no podía contener. “Está… llegando…”dijo el hombre, justo cuando sentí un soplo caliente sobre mi nuca. Apenas tuve tiempo para darme la vuelta, sentí una lengua rasposa lamerme el cuello. Situada a menos de diez centímetros de mi rostro, una cara dotada de ojos negros como el carbón me estaba contemplando. El olor amargo de las profundidades de la selva estaba llenando mi nariz. Creí que iba a morirme de miedo cuando me di...
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