El ultimo inmigrante

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El último inmigrante
por Tahar Ben Jelloun

Esta mañana, el último inmigrante árabe –en realidad un bereber- acaba de abandonar el suelo francés. Tanto el Primer Ministro como el ministro del Interior se trasladaron para asistir a esta partida y expresar a Mohamed Lemmigri el agradecimiento de Francia. Mohamed no estaba ni emocionado ni enojado. Simplemente estaba contento devolver para siempre a su país natal. Recibió de regalo un camello de peluche y una pequeña bandera roja, azul y blanca de un lado y del otro roja con una estrella verde en el medio. La agitaba sin convicción delante de las cámaras de televisión y de los fotógrafos que insistían para que les diera una gran sonrisa. Él prorrumpió en risa franca y se puso la doble bandera en un bolsillo de su sobretodoviejo.
Francia respira. Ya no tiene que resolver problemas para los que no estaba preparada. Da vuelta una pesada página de su historia colonial. Como por un pase mágico, hoy acaba de borrarse un siglo de presencia árabe en Francia. Se cerró el paréntesis. Ya no perturbarán al país los olores de una cocina muy especiada, ya no lo invadirán hordas de gente de costumbres extrañas. Ya nohabrá razones para que se manifieste el racismo. Quedan muchos africanos, algunos asiáticos y unas pocas familias de Europa del Este que, aparentemente, no traen grandes problemas. Los africanos se quedan tranquilos por miedo a correr la misma suerte que los árabes; la mayoría de los que ocupaban edificios abandonados murieron incinerados mientras dormían, junto con sus hijos. En cuanto a losasiáticos, todo el mundo admira su discreción.
La única que lamenta la partida de estos millones de magrebíes es la extrema derecha. Aunque está satisfecha de ver realizado uno de sus deseos más queridos, a la vez se da cuenta de que le va a faltar todo un pilar de su programa. Gracias a la presencia de los árabes, el partido había podido desarrollarse, avanzar en las encuestas y las eleccionese incluso llegar a la segunda vuelta en las presidenciales de 2002. sin inmigrantes norafricanos, se pregunta qué hacer, qué espantajo mostrar a los franceses para mantenerse como fuerza política. De pronto, el partido del miedo y el odio se vio sin armas: eso explicaría su cambio de rumbo y su repentino humanismo. Algunos militantes organizaron reuniones, sobre todo en Marsella, y escribieron enpancartas: “¡Devuélvannos nuestros árabes, que tanto nos gustan!”; “¡Francia ya no es lo que era! ¡Le falta el almacenero árabe!”. En un viejo cartel tacharon “3 millones de desempleados = 3 millones de inmigrantes de sobra” y escribieron “¡Se necesitan árabes!”. Una mano anónima agregó: “¡Se necesita odio!”.
La limpieza del país requirió algunos meses, pero casi todo el mundo está deacuerdo: las cosas se desarrollaron en condiciones casi normales. De hecho, no se dio opción a los inmigrantes. Era irse o encontrarse en un centro de detención perpetua, especie de campo de concentración apodado “Santiago de Chile”. Todo estaba listo: los camiones cubiertos, las carpas grises, los alambres de púa, los carceleros y hasta las mortajas. En la mayoría de los casos, la partida fuevoluntaria. Una cuestión de orgullo y amor propio. ¡De las narices! El honor es lo que nos lleva de las narices.
Ni las tradicionales propuestas de la izquierda y la extrema izquierda ni las de algunos clérigos hicieron ceder al gobierno, que permaneció, como dijo el Primer Ministro, “firme en su posición”. El ministro del Interior declaró: “Finalmente, Francia ha logrado dar vuelta esta páginaescrita en argelino”. A un periodista que le preguntaba cuál era este idioma, el ministro respondió: “¡Es el idioma de la sangre derramada en una tierra que nos pertenecía y que perdimos! Una tierra donde fueron notables los beneficios de la colonización.”
Aunque estas partidas crearon problemas graves en el país, el gobierno no dejó ver ningún signo de preocupación. Es cierto: algunas...
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