Etologia aplicada

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  • Publicado : 3 de enero de 2011
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Como ustedes saben, la Etología es una ciencia, como cualquier otra, que se estudia en la Universidad y que también, como todas las demás, se basa en el método científico. Pero aparte lo expuesto, siempre hay algo que se escapa, algo que no entendemos y que no puede ser medido, comparado o contrastado; algo que no puede ser ni siquiera repetido. En ese punto entiendo que está el conocimientointuitivo y la salida en la carrera del avance científico. En ese punto está el "atrevimiento" del autor que suscribe y del lector que lo lee.
Les voy a contar un hecho que me impactó a la vez que supuso en mi un enorme desconcierto y una desazón propia del investigador que se ve descolocado en sus teorías. Saqué de esta historia una enorme enseñanza; el perro comienza a realizar conductas que, comolas nuestras, no pueden ser encasilladas, comienza a desarrollar algunas virtudes propias hasta ahora, de la especie elegida. Perdonen si les suena a antropomorfismo lo que les voy a contar; realmente lo es.
Hace algunos años, cuando vivía mi pequeña e iracunda Kika, mi hija decidió vencer ese mal carácter de perra abandonada que poseía la grifona como consecuencia de un año en perrera municipal.Para ello, frecuentaba un parque cercano a mi casa donde se reunían muchos dueños con sus perros. Hablaban y cambiaban impresiones mientras los chuchos disfrutaban de carreras, revolcones y alguna que otra pelea en las que Kika siempre era protagonista.
En mi afán de conocer a perros y perreros, comencé a frecuentar las tertulias callejeras, a relacionarme con aquellas extraordinarias personasque invertían parte de su tiempo en este agradable menester y, sobre todo, a escuchar sus historias.
Algo de lo que siempre se hablaba era de la conducta de un hombre, con aspecto de jubilado rural, que tenía la inveterada costumbre de darle golosinas azucaradas a su perro todos los días, delante de todos nosotros e ignorando olímpicamente nuestros desinteresados consejos.
- ¡Le va a dañar elhígado!
- ¿No ve usted que su perro no metaboliza el azúcar como nosotros?
El buen anciano nos miraba, sonreía y volvía a sacar una chuchería de su bolsa para dársela inmediatamente a su perro. El gran mestizo de Pastor alemán, engullía el dulce con más fruición que un niño y el anciano lo acariciaba con deleite mientras nosotros, consumados científicos, nos indignábamos.
Un día llegué el primeroal parque y me coloqué en el banco que el anciano ocupaba todos los días esperando que ni él ni su perro rehuyeran mi compañía. Mi maniobra tuvo éxito ya que, pasada media hora, la buena pareja entró en el parque y el dueño del alobado tomó asiento junto a mí.
Durante un buen rato el anciano acarició y alimentó a su amigo como si el animal tuviese hambre endémica. Solo cuando su perro estuvo ahítode chucherías permitió que la esperada conversación se iniciara entre nosotros.
- Todos ustedes están deseando saber por qué doy golosinas a este pobre animal de doce años. ¿Verdad?
- Pues, sí.
- Sé que usted estudia y escribe sobre los animales y su comportamiento. Si me promete no citar mi verdadero nombre, le autorizo a publicar la historia de mi perro.
Yo no podía perder tan truculentaoferta y me faltó tiempo para empeñar mi palabra. Prometí escuchar hasta el final y guardé un respetuoso silencio hasta que el buen hombre llegó al final de la historia que les transcribo.
"Como usted habrá adivinado por mi apariencia, soy un pastor retirado y durante muchos años cuidé de los rebaños ajenos. La situación económica de mis padres no me permitió estudiar más que las cuatro reglas yalgo de gramática. De joven marché al monte y allí he permanecido hasta mi retiro aunque, si le digo la verdad, lo echo de menos cada vez más.
He tenido muchos perros que han sido como mis manos y ojos a la hora de cuidar del ganado. Los he utilizado como herramientas pero también los he querido como amigos ya que mi vida ha transcurrido en la más absoluta soledad.
Este perro que ve ha sido el...
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