Grafomanía de virgilio piñera

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“Grafomanía” de Virgilio Piñera
“Nada como mostrar a tiempo la parte clownesca para que la parte seria quede bien a la vista…Ya se ve en mi obra; soy ese que hace más seria la seriedad a través del humor, del absurdo y de lo grotesco” (en Piñera Teatral)
“Grafomanía” es el primer cuento que abre la colección El que vino a salvarme (1970) del autor cubano Virgilio Piñera. Su primera aparicióndata del 1957, en la revista cubana “Ciclón”, un año después de la publicación de “Cuentos Fríos”
Para comenzar, es necesario definir el significado de ‘grafomanía’ que según la R.A.E es: la manía de escribir o componer libros, artículos, etc. Este término va a ser muy descriptivo para definir la personalidad de Virgilio y su constante pulsión hacia la escritura. Creo necesario remitirnos aotro autor cubano como es Abilio Estévez, para hacernos una idea de cómo era Virgilio Piñera y lo ligado que estaba al título de este cuento. En la edición X de la revista La Unión, publicada en el verano de 1990, Abilio Estévez, a propósito de Piñera afirmaba: “Solo en su apartamento desnudo, en pleno corazón de La Habana, despierto desde temprano, escribía incansablemente. Riéndose de la adversidady escribiendo con la pasión de siempre.” Más abajo vuelve a decir: “Con una desnudez salvadora, como un atacado de grafomanía, como uno de sus personajes terribles y desgarrados, así él continuó su trabajo amoroso, paciente, obstinado. «Escribir es lo único que me mantiene vivo», afirmaba. Entre la literatura y la vida, optó por la primera, lo que significa decir que optó por la segunda.”Continuando con Abilio Estévez veo necesario remitirme a una entrevista concedida a la revista ‘Encuentro de la Cultura Cubana’, realizada en 2009, y en relación con Piñera dijo: “Lo que sí estoy en condiciones de afirmar es que cuando conocí a Virgilio en 1975 (yo acababa de cumplir 21 años) comencé a entender de otro modo la literatura. Ya estaba en la Universidad, pero mi verdadera universidad fueVirgilio. Con esa mezcla de seriedad e ironía que lo caracterizaba, él hablaba de sacerdocio. […] Era imposible no dejar de sentirse impresionado por la ética de ese señor tan extraordinario que fue Virgilio Piñera. Esa tozudez ética del desenmascaramiento permanente. Un hombre tan aparentemente vulnerable y que resultó de acero. […] Y hay algo más (y sé que estoy en la obligación de contar todo estoalgún día), nunca he conocido a nadie que viviera, como él, en la literatura. A su lado, todo se convertía en literatura, todo alcanzaba una dimensión diferente, que nada tenía de cotidiana.
En esta misma entrevista, Abilio Estévez nos cuenta una anécdota que bien podría servirnos como un bosquejo histórico de lo que se vivía dentro la isla. Una anécdota que nos sirve como marco para entenderla desazón del escritor que después nos plasma.
[…]Con él no llegábamos a la casa-quinta de los Ibáñez-Gómez, de Yoni Ibáñez, en Mantilla: con él llegábamos a la Ciudad Celeste. Y no éramos un grupo de personas que conversábamos y leíamos, sino que éramos, al modo de Proust, un cogollito. Y así fue siempre. Cuando, desgraciadamente, se acabaron, o la policía hizo que se acabaran las tertulias delos Ibáñez, y nos veíamos a escondidas en una rara casa de la calle Galiano y San Miguel, éramos los personajes de una novela policial, lo cual no estaba, dicho sea de paso, muy lejos de la verdad. Hasta lo terrible de tener que salir de aquella casa a horas distintas y, si nos encontrábamos en la parada de la guagua, fingir que no nos conocíamos, era como vivir en un libro. Insisto: esa propensiónnatural a convertirlo todo en maravilla, en fábula, en mito. Era un mayeuta. Y si algo se aprendía al lado de Virgilio era a observar y a tener fe. Fe en la literatura, como se comprenderá. En un libro de Félix de Azúa que leo y releo con mucho gusto, se ha contado la fábula del judío que en el tren, camino de los campos de concentración, se asomaba por una ventanita del techo, una claraboya, y...
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