Hermeneutica del sujeto

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En Delfos, donde los antiguos griegos localizaban el centro del mundo, estaban grabadas en piedra las palabras "conócete a ti mismo". Pocos preceptos disfrutaron de tanta fortuna como este imperativo que, de Sócrates a Freud, ha sobrevivido por cientos de años. A la convención que toma al autoconocimiento por meta ideal de sabiduría, partero de misterios psíquicos y pasatiempo de matinéetelevisiva, Michel Foucault la cuestiona, desmenuza y vuelve a ensamblar en torno a la idea de "inquietud de sí". Este es el núcleo conceptual que ordena las órbitas de una serie de problemas filosóficos antes descuidados, y a los que La hermenéutica del sujeto, transcripción literal de las clases que Foucault dictó en 1982 en el College de France, despliega minuciosamente en una edición cuidada yanotada.

¿Novedades, a veinte años de su muerte? Ya en vida, sus libros ejercieron una enorme influencia sobre el ámbito académico y propagaron un pregnante pánico doctrinal sobre ideas bien establecidas. Foucault escribía, ambidextramente, como mandarín y como criptobolchevique. Cuando en 1984, tras ocho largos años de espera, se publicaron los tomos II y III de su Historia de la sexualidad, eldesconcierto y la decepción se esparcieron entre lectores y adversarios del proyecto teórico del filósofo francés. Quienes esperaban una continuación de la historia moderna del encorsetamiento de la subjetividad se encontraron con un calmo análisis de prácticas sociales difundidas en el mundo griego y romano. Un retroceso de dos mil años.

La última etapa de la obra de Foucault es deficientementeconocida, por haber quedado trunca, y porque en ella se había iniciado una metamorfosis conceptual. Hasta 1980 Foucault era el sinónimo viviente de una teoría del poder afincada en la antípoda de las tradiciones marxista y liberal, y demasiados admiradores daban por descontado que el coronamiento de su obra culminaría en una autopsia mayor de la sociedad de la dominación. Pero aunque Foucault jamásdejaría de transformar a su escritorio en quirófano y a la pluma en escalpelo, no era ajena a su estilo filosófico la capacidad para desplazar y reinventar su pensamiento; movimiento ya realizado diez años antes cuando su indagación de los campos de saber mutó en una analítica de las redes de poder. No era un camaleón, sino un filósofo que volvía a proyectar sus problemas a medida que variaba elmapa de sus investigaciones.

Aunque una parte de este enorme libro ya está tratado en dos capítulos de El cuidado de sí, de 1984, la mayor porción de los temas que son pacientemente analizados se inscriben en un proyecto teórico cuya ampliación quedó interrumpida y cuya panoplia conceptual no fue ensamblada por completo. Estas clases pueden ser leídas como actas preparatorias para un libro nuncaescrito sobre las "tecnologías del yo", a las cuales Foucault entendía como hilaturas que enhebraban toda su obra. Al interesarse por las prácticas de autoformación que se difundieron en Roma durante los siglos I y II, Foucault interroga el momento histórico en que ciertas transformaciones hacen emerger la obligación subjetiva de relacionarse con la verdad, y que de allí en más el cristianismotrasladará hasta la actualidad. La relectura de obras clásicas del pensamiento antiguo, del Alcibíades de Platón a las meditaciones de Séneca, Marco Aurelio, y de las escuelas estoica y cínica, revela la importancia dada al ejercicio espiritual y al entrenamiento de la personalidad. Foucault no está interesado en los conocimientos "atemporales" de los viejos filósofos sino en los variados ejerciciosescriturales, mnemotécnicos, ascéticos y físicos que éstos aconsejaban a fin de poder "regresar a uno mismo". Se absorbía, casi carnalmente, una verdad, que no era esencial ni interior, sino consecuencia de actividades continuas de automodelación ética.

En Grecia el objetivo de esos ejercicios consistía en aprender a gobernarse para poder gobernar a otros, pero en Roma su función era...
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